Rosa Alegria

Hay textos que piden silencio. Este pide escuchar una canción que atraviesa generaciones, enaltece la memoria de un pueblo y revela futuros que aún no hemos aprendido a imaginar.

Esta crónica recorre un siglo, entre pasado, presente y futuro, guiada por esa canción, acompañando la lenta transformación de una América Latina que, en los próximos cincuenta años, habrá reaprendido a imaginarse como un continente-luz, capaz de inspirar nuevos caminos para el mundo.

Canción por la Unidad Latinoamericana atravesó fronteras y generaciones, despertando un continente dentro de mí.

Cuando pasaron los años
se acumularon rencores,
se olvidaron los amores,
parecíamos extraños.

Nací y crecí en Brasil, cuya historia siguió un rumbo distinto al del resto del continente. Aunque ocupábamos casi la mitad de América del Sur, la colonización portuguesa nos distanció de los vecinos que siempre se expresaron en español. De cara al Atlántico y de espaldas a nuestros vecinos, aprendíamos más sobre Europa y Estados Unidos que sobre nosotros mismos. Éramos latinoamericanos por geografía, pero no por pertenencia.

En 1976, cuando Canción por la Unidad Latinoamericana fue lanzada por el cantautor cubano Pablo Milanés, el continente atravesaba uno de sus períodos más sombríos. Dictaduras militares, censura, exilios y violencia política profundizaban las fronteras entre pueblos que compartían historias, culturas y sueños.

A finales de la década de 1970 escuché esta canción en la inolvidable interpretación de Milton Nascimento y Chico Buarque. Chico alternaba versos en portugués y en español, convirtiendo la propia canción en un puente entre culturas. La canción acercaba pueblos que la política insistía en separar.

En aquellas voces reconocí una historia que también era la mía. En 1976 yo vivía en Londres y, por canales alternativos, sabía más de lo que ocurría en mi país que si hubiera permanecido en él. Nadie me había contado jamás aquella realidad de la manera en que la descubrí a través de la poética de esta canción.

Fue entonces cuando un continente despertó dentro de mí.

Segundo Movimiento: El lapso del tiempo

El nacimiento de un mundo
se aplazó por un momento…

El continente que despertó dentro de mí permaneció despierto y doliente.

Las dictaduras fueron alternándose con democracias extraviadas. Algunos muros cayeron; otros fueron levantados. La integración avanzó en ciertos momentos y retrocedió en muchos otros. La desigualdad persistió. La violencia cambió de rostro. La selva siguió recordándonos que los mapas políticos jamás lograron contener el pulso de la vida entre culturas diversas y ancestralidades vibrantes.

Poco a poco comprendí que los futuros rara vez siguen una línea recta. Avanzan como las aguas de los ríos: rodean obstáculos, encuentran desvíos, desaparecen bajo la tierra y reaparecen más adelante.

Comprendí también que los futuros de un continente no comienzan en las fronteras. Comienzan cuando cambia la imagen que ese continente construye de sí mismo.

Ese fue el mayor legado de la canción: hacer que millones de latinoamericanos reconocieran, unos en otros, historias entrelazadas.

Hoy, cuando veo a jóvenes cruzando fronteras con la misma naturalidad con que atraviesan las pantallas de sus dispositivos electrónicos; científicos colaborando más allá de los límites nacionales; pueblos indígenas tejiendo alianzas en defensa de la Amazonía; y artistas reinventando, juntos, la identidad latinoamericana, vuelvo a escuchar los ecos de aquella canción.

No porque la unidad latinoamericana haya sido alcanzada, sino porque sigue esperando nacer.

Hace cincuenta años, la canción decía que ese nacimiento había sido aplazado por un momento. Los versos de Pablo Milanés eran una invitación a imaginar el nacimiento de un solo pueblo en torno a un continente que todavía buscaba reconocerse.

Hoy, transcurridos cincuenta años, comienzo a percibir que, en la escala de la historia, ese intervalo tal vez no haya sido más que un breve lapso entre un viejo mundo que se resistía a desaparecer y otro que apenas comenzaba a ser imaginado.

 

Tercer Movimiento: La estrella fue alcanzada

Ya fue lanzada una estrella
Pa’ quien sepa mirar
Pa’ quien quiera alcanzar
Y andar abrazado a ella

Hoy, en 2076, celebramos el centenario de la canción. Ella hace resonar un sueño mucho más antiguo, que durante siglos pareció imposible: el de una América Latina capaz de reimaginar su propio futuro sin renunciar a su identidad.

La mayor transformación de aquel siglo no fue tecnológica ni económica.

Fue imaginaria.

Aprendimos a imaginar quiénes llegaríamos a ser.

Fue así como nos convertimos en un continente-luz, capaz de irradiar esperanza, imaginación y nuevos caminos para la humanidad.

La travesía fue más larga de lo que imaginábamos. Lo viejo se resistió. Persistieron las desigualdades, la violencia, la destrucción ambiental, los nacionalismos estrechos y la tentación de buscar respuestas fuera de nosotros mismos.

Pero algo cambió silenciosamente. No ocurrió de una sola vez, ni fue el resultado de un tratado o de una revolución.

Comenzó cuando empezamos a imaginar a América Latina no solo como un territorio compartido, sino como una comunidad luminosa que reconocía, en sus fuerzas ancestrales, su riqueza cultural y su patrimonio natural, la capacidad de inspirar nuevos caminos para el mundo.

Descubrimos que los continentes cambian cuando cambia la imagen que construyen de sí mismos.

Seguimos siendo brasileños, mexicanos, guatemaltecos, salvadoreños, hondureños, nicaragüenses, costarricenses, panameños, cubanos, haitianos, dominicanos, puertorriqueños, colombianos, beliceños, venezolanos, ecuatorianos, peruanos, bolivianos, chilenos, argentinos, paraguayos y uruguayos.

Nos une la belleza de nuestras diferencias, y no la separación de aquello que es diverso.

Aprendimos que la Amazonía nunca perteneció únicamente a los países que la albergan. Que los ríos jamás reconocieron fronteras. Que la biodiversidad era un patrimonio vivo de la humanidad. Y que el futuro de cada uno siempre dependió del futuro de todos.

Tal vez ese haya sido el verdadero legado de esta canción que desafía al tiempo.

No solo anticipó el futuro.

También amplió nuestra capacidad de imaginarlo.

Y fue precisamente esa poética —sentida, vivida e imaginada generación tras generación— la que hizo posible habitar un futuro que, cien años antes, existía únicamente en una canción.

References

Nascimento, M., & Buarque, C. (1978). Cancion por la unidad latinoamericana [Song]. On Clube da Esquina 2. EMI Music Brasil.

Sobre la autora

Rosa Alegria es futurista, educadora y autora brasileña. Máster en Futures Studies por la University of Houston–Clear Lake (Estados Unidos), dedica desde hace más de veinticinco años su labor al fortalecimiento de la alfabetización en futuros (Futures Literacy), la imaginación y el pensamiento de largo plazo junto a organizaciones, gobiernos, educadores y comunidades. Actualmente integra el Comité Ejecutivo de la World Futures Studies Federation (WFSF).

 

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