Estefanía Simon-Sasyk, Constanza Díaz del Castillo, Mónica Sahmkow, Dharath Hoonchamlong
Mycelium Gastronomy Network / Basque Culinary Center / UCAB-CIAP (LAGA) / Investigador independiente
1. La cocina como fábrica de futuros
Las escuelas culinarias son un ejemplo concreto de fábricas de futuros: reproducen formas de comer, cocinar y valorar los alimentos que dan forma a los órdenes materiales y simbólicos de las sociedades a las que sirven. Los programas que se imparten en estas instituciones suelen basarse en prácticas culinarias europeas que, a nivel mundial, se consideraban el epítome de la excelencia. Esto ha llevado a la marginación de los conocimientos, los ingredientes y las culturas alimentarias locales. Se capacita a los estudiantes para que relacionen la buena cocina con estos estándares y aspiren a un mundo que no es ni el suyo ni el de su contexto.
Este artículo documenta una colaboración de 2022–2023 —convocada por la Red de Gastronomía Mycelium en Venezuela, Tailandia y España— para introducir una metodología de transferencia de conocimiento Sur-Sur en LAGA, la escuela culinaria de la UCAB-CIAP en Caracas, y para reflexionar sobre el impacto de dicha colaboración desde un punto de vista situado. Escribimos desde cuatro posiciones subjetivas: un profesional-investigador y coordinador (Simon-Sasyk), el homólogo académico de LAGA (Sahmkow), un profesional tailandés de sistemas alimentarios, cofundador de Wasteland y colíder de la sección tailandesa del WFF (Hoonchamlong), y un diseñador-educador que tiende puentes entre la gastronomía iberoamericana y la europea (Díaz del Castillo). Este artículo es una reflexión a mitad de camino, no un estudio de caso concluido.
2. El modelo eurocéntrico como un «futuro usado»
El concepto de «futuros usados» (Inayatullah, 2008) se refiere a imágenes del futuro que han perdido su potencial generativo: futuros que representamos por costumbre más que por diseño, «tomados prestados» de otros lugares. Este caso sitúa a la educación culinaria eurocéntrica como un futuro usado paradigmático en América Latina. El sistema de brigada de Escoffier, el canon de las salsas y la primacía de la técnica sobre el territorio llegaron a la región no como un enfoque más entre muchos, sino como el estándar mismo de la profesionalidad.
El poder colonial propuesto por Quijano (2000) puede entenderse desde una perspectiva culinaria como el conocimiento europeo considerado universal, que relega a un segundo plano los conocimientos locales sobre los ingredientes, las técnicas y las tradiciones amazónicas, andinas y afrocaribeñas. En este contexto, el «futuro usado» opera precisamente como política interna —como subjetividad y aspiración (Chimal y Ramos, 2026)— arraigada en los planes de estudio, las rúbricas, las redes y las expectativas de los estudiantes. Desalojarlo requiere lo que Inayatullah (2008) denomina «trabajo de futuros alternativos»: articular diferentes imaginarios de excelencia, profesionalismo y pertenencia.
El concepto se inscribe en lo que los estudiosos de los futuros críticos han denominado «futuros descoloniales»: el proyecto de desmantelar el dominio epistémico e imaginativo de la modernidad colonial y de hacer concebibles otras formas de saber —y, por lo tanto, otros futuros— (Feukeu, 2024; Inayatullah, 2008). La cocina contrahegemónica, en este marco, no es principalmente un acto cultural, sino un acto de futuro: rechaza el futuro preestablecido arraigado en la cocina profesional y pone en práctica un imaginario diferente de lo que pueden significar la excelencia alimentaria y la educación alimentaria. El aula de gastronomía se convierte en un espacio donde se practica el futuro descolonial, no solo se enseña.
Una creciente bibliografía aborda la transformación de los sistemas alimentarios y los futuros alimentarios —prestando atención a las dietas planetarias, la adaptación climática y la resiliencia de la cadena de suministro (FAO, 2017; Willett et al., 2019)—, pero rara vez ha abordado la educación gastronómica como un espacio de futuros por derecho propio, y menos aún desde una perspectiva Sur-Sur o descolonial. Este artículo se sitúa en ese vacío: no como una investigación sobre la gobernanza de los sistemas alimentarios, sino como una contribución a la práctica crítica de los futuros basada en un caso institucional concreto.
3. Una alternativa Sur-Sur: las 5 P se convierten en cinco pilares de HORECA
La colaboración comenzó con una pregunta: ¿cómo sería anclar la educación gastronómica en las realidades ecológicas, culturales e históricas de Venezuela sin dejar de ser legible para marcos globales como la «sustentabilidad»? La decisión de buscar una alianza Sur-Sur en lugar de una Norte-Sur fue deliberada. Tailandia, igualmente periférica respecto al canon culinario del Norte, ha abordado esa posición de manera diferente: institucionalizando y exportando su gastronomía en sus propios términos. El papel anterior de Hoonchamlong en Bo.lan, uno de los primeros restaurantes tailandeses con un «gerente ambiental» formal, ofreció un referente institucional concreto. El intercambio no fue una transferencia de modelos, sino un encuentro epistemológico: dos contextos del Sur Global que se construyen a partir de una presión estructural compartida.
El proyecto tradujo las 5 P de la Agenda 2030 de la ONU (Personas, Planeta, Prosperidad, Paz y Alianzas) en cinco pilares adaptados al contexto del sector HORECA: «La gastronomía construye país» (la gastronomía como práctica social y formadora de identidad, con relaciones éticas en la cadena de valor); Dietas de Salud Planetaria (menús con predominio de alimentos de origen vegetal, gestión responsable de los recursos, abastecimiento agroecológico, basándose en la Comisión EAT-Lancet [Willett et al., 2019]); Servicio para el equipo (el trabajador de HORECA como sujeto interseccional; las condiciones laborales y la cultura de equipo como palancas estratégicas); Diversidad y no-hegemonía (la diversidad cultural como salvaguarda de los conocimientos y los sabores, descentrando los cánones eurocéntricos); y Medir el impacto del negocio (la sostenibilidad como algo cuantificable en términos empresariales, resistente al «greenwashing»). Tres competencias transversales —ética, pensamiento sistémico e investigación aplicada— abarcan los cinco pilares y se vinculan con los cuatro grupos de conocimientos del certificado, de modo que la sostenibilidad se convirtió en un eje central en lugar de un módulo independiente.
La colaboración dio lugar a tres productos finales interrelacionados entre octubre de 2022 y enero de 2023: recomendaciones curriculares, una alineación materia por materia y un módulo en línea de ocho horas sobre sostenibilidad en el sector HORECA. El lanzamiento público, el 30 de enero de 2023, del curso titulado «La sostenibilidad y la rentabilidad del negocio» contó con la participación destacada de cinco profesionales de Tailandia, Ecuador (vía Inglaterra), México, Argentina y Chile (vía España), quienes representaron cada pilar. El curso atrajo a más de 150 participantes en vivo y constituye un archivo de contenido para respaldar la estrategia.
Figura 1. Cuatro grupos temáticos del certificado LAGA y el tipo de recomendación desarrollada para implementar los pilares de la sostenibilidad

Figura 2. Impacto de los pilares de sostenibilidad en el certificado LAGA

4. Cómo se implementó el marco
Cuatro años después, Sahmkow describe los cinco pilares como «el discurso completo de la escuela». El marco se ha utilizado para la incorporación de docentes, el diseño de programas, eventos y servicios de catering, lo que mantiene a la escuela alineada con sus objetivos y la ayuda a identificar temas y acciones que reflejen la identidad del país que representa.
El pilar de la no hegemonía da forma al diseño de los programas desde la primera decisión. Como explica la coordinadora académica Lilian El Kareh, «el criterio es evitar contenidos que se centren exclusivamente en referentes internacionales clásicos». En la primera promoción del Diplomado de Comunicación Gastronómica, todos los proyectos de investigación de los estudiantes se centraron en ingredientes, productos o restaurantes locales —una elección estructural, no incidental—. El objetivo, tal como lo describe El Kareh, es que cada actividad genere datos que permitan evaluar su impacto real, alejando la toma de decisiones institucional de las estimaciones y orientándola hacia la evidencia.
Esa orientación reflexiva está integrada en la propia coordinación. El Kareh plantea un cambio metodológico: «Antes de ejecutar, me pregunto: ¿qué historia estamos contando con este evento? ¿Qué impacto ambiental o económico estamos generando? ¿Por qué estamos ofreciendo esta capacitación en particular ahora?». Esta pausa reflexiva —integrada en la coordinación en lugar de ser algo añadido a posteriori— es lo que la escuela transmite a los estudiantes: que la excelencia no es solo técnica, sino también contextual.
Esta orientación se extiende al aula. Como lo expresa la profesora de pastelería María Gabriela Vera (2026): «La receta no es el objetivo final, sino el medio para comprender un proceso técnico con impacto global. El estudiante deja de ser un ejecutor y se convierte en un gestor de recursos, conectando la alta técnica con la sostenibilidad del ecosistema». La conciencia contextual es medible: se revisan las listas de compras para verificar la estacionalidad; el uso total de ingredientes se incorpora a la evaluación de la clase; y se lleva un registro de los residuos en colaboración con el departamento de sostenibilidad de la universidad.
Las voces de los estudiantes hacen comprensible el cambio pedagógico. Laura Michelangeli (2026) capta directamente la lógica del marco: «Mientras otras escuelas se enfocan en las técnicas y las tendencias internacionales, nosotros estamos aprendiendo a dominar técnicas que se originan en Venezuela. Quiero ser una cocinera consciente de su entorno: de dónde proviene nuestra comida, su historia, nuestra cultura». Leonardo Hernández (2026) lo enmarca como un posicionamiento en el mercado laboral: «LAGA identifica el conocimiento ancestral de las comunidades de todo el país y nos lo transmite. Los restaurantes que están reviviendo los sabores venezolanos buscan personas que compartan esa pasión —y creo que esos somos nosotros». Jeyverson Ommy Solórzano (2026) agrega una dimensión metodológica: «Mi ventaja competitiva no es solo que sé cocinar, sino que puedo contar la historia detrás de cada ingrediente venezolano. Aspiro a ser un chef que ayude a preservar nuestra cultura».
A través de estos testimonios, surge una nueva perspectiva consistente: el conocimiento territorial como competencia técnica, y el estudiante como guardián cultural más que como ejecutor técnico. El valor de este marco, en palabras de los propios estudiantes, radica precisamente en la ventaja competitiva que confiere el conocimiento basado en el lugar.
Esa orientación estudiantil no surgió desde el principio. Cuando LAGA se lanzó por primera vez, la gastronomía venezolana tenía poco reconocimiento en el mercado; la publicidad externa se mantuvo deliberadamente discreta. En cambio, la escuela se enfocó en una estrategia de alineación interna: exponer a los estudiantes matriculados al patrimonio culinario local y permitir que el aprendizaje vivencial y el boca a boca difundieran la reputación del programa. Esta estrategia ha generado un cuerpo estudiantil autoseleccionado que ya llega orientado hacia los valores de la escuela.
Más allá del aula, un evento de 2025 ilustró estos pilares en la práctica. En COME 2025 —el primer congreso gastronómico de LAGA, celebrado en el campus de la UCAB Montalbán en octubre—, la Plaza del Estudiante acogió una feria de productos regionales que reunió a productores y representantes culinarios de Amazonas, los Llanos, Margarita, Sucre, Yaracuy, Mérida y más allá. Cuando se presentaron las arañas amazónicas, se observaron dos reacciones simultáneas: para algunos estudiantes, un encuentro con ingredientes y prácticas desconocidas; para otros, un reconocimiento personal, que conectaba lo presentado con recuerdos de la infancia y el sentido de pertenencia regional. El evento puso en práctica al mismo tiempo «La gastronomía construye país» y «Diversidad y no-hegemonía»: curiosidad hacia el exterior y reconocimiento hacia el interior.
La influencia del enfoque de LAGA se está haciendo evidente en instituciones similares. Tras el lanzamiento de la escuela, la Universidad Metropolitana abrió su propia escuela culinaria, y la Universidad Monte Ávila siguió sus pasos con un programa de gastronomía en el campus. Sahmkow se cuida de dar crédito a los pioneros anteriores —«no somos los [primeros]absolutos»—, pero observa que «muchas otras escuelas están utilizando [los pilares]y emulando el posicionamiento». No podemos afirmar que exista una línea causal clara, pero el futuro ya usado de la educación culinaria eurocéntrica parece estar perdiendo parte de su control estructurante en el ámbito venezolano, y una alternativa visible se está convirtiendo en un punto de referencia compartido.
5. La gastronomía como campo interdisciplinario
Otro eje transversal ha surgido a través de la integración institucional de LAGA: la interdisciplinariedad. Formar parte de una universidad genera un intercambio epistémico productivo. Las colaboraciones hasta la fecha incluyen a la escuela de diseño (un taller sobre emplatado y composición), la facultad de ciencias sociales FACES (una carrera de gestión gastronómica actualmente en desarrollo), sociología (la mesa de investigación COME sobre sistemas alimentarios) y arquitectura (diseño de equipamiento de cocina). Un proyecto de biomateriales —COME-biomateriales— ha llevado el pensamiento sobre los sistemas alimentarios a la ciencia de los materiales. Sahmkow describe este intercambio como formativo para los propios diseñadores del plan de estudios: «compartir constantemente con otras disciplinas nos ayuda a quienes diseñamos los programas a tener una visión más amplia al crearlos» —y, a su vez, difunde el enfoque y los pilares de LAGA a las facultades adyacentes.
Esa misma permeabilidad se observa en Tailandia, donde cada vez más personas se incorporan al sector de la hospitalidad procedentes de la moda, el activismo, las industrias creativas o los negocios familiares, y aportan marcos de conocimiento ajenos a la gastronomía a la forma en que enseñan, perciben la comida, diseñan espacios y crean experiencias. Hoonchamlong ilustra esto a través de su trabajo con Seeds Journey, un colectivo indígena de jóvenes liderado por mujeres de la comunidad Akha en Chiang Rai, codirigido por Kanlaya Chermue, que utiliza la comida como medio para comunicar la identidad y la cultura a través de experiencias gastronómicas, talleres y sesiones de campo. El colectivo mantiene un archivo escrito sobre la cultura gastronómica akha y las prácticas de preservación de semillas, combinando el activismo ambiental con el ecoturismo e involucrando a familias de todas las generaciones. «Nunca se habían dedicado a la hostelería», señala Hoonchamlong, «pero se han conectado con chefs para aprender de sus prácticas —la forma en que organizan las cenas—». La colaboración invierte la pregunta habitual: no se trata de si estas mujeres son «realmente» profesionales, sino de cómo debería ser la educación formal para que les resulte útil —y para aprender de ellas—. Esto es precisamente a lo que apunta el pilar «Diversidad y no-hegemonía»: no solo ampliar quiénes ingresan a la cocina, sino ampliar en torno a qué sistemas de conocimiento se organiza la cocina.
Estos ejemplos —tanto de Caracas como de Chiang Rai— nos devuelven a la pregunta de diseño original: ¿qué requiere realmente un perfil de egreso orientado a la sostenibilidad para un estudiante de gastronomía? Responderla obligó a LAGA a confrontar una suposición previa: que el profesional en formación ya era legible, ya estaba definido. El modelo clásico ofrece una imagen clara: capacitado en una cocina profesional, acreditado según un canon reconocido. El marco disolvió esa imagen. Los cinco profesionales que encabezaron el lanzamiento público del 30 de enero de 2023 —procedentes de Ecuador, México, Chile, Tailandia y Argentina— habían llegado cada uno a una práctica de sostenibilidad de alto impacto a través del trabajo en sistemas alimentarios, el diseño, el activismo y decisiones de diseño de vida. Las credenciales culinarias formales formaban parte de algunas trayectorias y estaban ausentes en otras. Lo que compartían no era una trayectoria de formación, sino una disposición: tratar la gastronomía como un campo que abarca simultáneamente el trabajo, la tierra, la cultura y la salud.
El giro interdisciplinario también es cuantificable. En el Basque Culinary Center, la Maestría en Ciencias Gastronómicas ha pasado, a lo largo de diez promociones, de un perfil predominantemente centrado en la ciencia de los alimentos y la cocina a atraer a estudiantes de derecho, comunicaciones, antropología, diseño e ingeniería (véase la Figura 3). Díaz del Castillo, quien pasó por el BCC primero como estudiante y luego como profesor, describe esto como inteligencia situada que toma forma institucional: la capacidad de moverse entre los cánones establecidos y el contexto vivido, considerando ese movimiento como generativo. La cocina, al parecer, se está abriendo —no solo a los ingredientes y las culturas del mundo, sino a las disciplinas del mundo—.
Figura 3. Evolución del perfil de la Maestría en Ciencias Gastronómicas (Basque Culinary Center, Mondragon Unibertsitatea) 2016-2026

Nota: Las barras muestran la composición de cada cohorte como porcentaje; los estudiantes se clasificaron según su disciplina de origen. Tamaños de las cohortes: 2016–2017, 12; 2017–2018, 18; 2018–2019, 17; 2019–2020, 14; 2020–2021, 19; 2021–2022, 19; 2022–2023, 16; 2023–2024, 20; 2024–2025, 22; 2025–2026, 20. Fuente: registros de admisión del programa.
Esta realidad emergente —la gastronomía como un campo poroso e interdisciplinario— es en sí misma un futuro prefigurativo, en el sentido de lo que Candy y Kornet (2019) denominan «futuros experienciales»: hacer tangible y habitable un presente alternativo antes de que se institucionalice. El aula de LAGA y el colectivo Seeds Journey no solo trabajan en pro de futuros alimentarios pluriversales, sino que, de maneras pequeñas y frágiles, ya los están habitando.
6. Método y límites
Escribimos como profesionales que reflexionan sobre un trabajo compartido, no como investigadores que estudian la iniciativa de otros. Nuestro relato es parcial, moldeado por lo que necesitábamos que la colaboración hubiera logrado. Vale la pena mencionar dos limitaciones metodológicas: la coordinación entre tres zonas geográficas y dos instituciones planteó desafíos de traducción; y las formulaciones de los pilares que resultaron más generativas —Servicio para el equipo y Diversidad y no-hegemonía— surgieron solo a través de la iteración, no de la interpretación inicial de las 5P.
La parte tailandesa del intercambio estuvo a cargo de un solo profesional cuya trayectoria en Bo.lan–Wasteland ofreció una perspectiva particular, no representativa. Incluso en el Sur Global, las estructuras de los sistemas alimentarios y las relaciones culturales con la gastronomía difieren significativamente, y esas diferencias determinan cómo se puede aplicar cualquier marco.
De ello se derivan tres limitaciones. En primer lugar, la sostenibilidad se interpreta y se pone en práctica de manera muy diferente entre individuos y organizaciones —no existe una aplicación única—; para futuras iteraciones, se debería incorporar una evaluación de materialidad con el fin de priorizar las acciones de sostenibilidad que tengan mayor impacto. En segundo lugar, las ideas en las que se basa el marco se fundamentan en la experiencia y no pretenden ser compatibles con la mayoría ni escalables en todo el sector; sin embargo, en experiencias a nivel mundial (Nigeria, Perú, España, Tailandia), el uso de las 5P como matriz de análisis del sistema alimentario ha demostrado ser intuitivo y más fácil de comprender que el marco de los ODS. En tercer lugar, el marco fue diseñado para establecimientos que cuentan con la estructura y los recursos para dar seguimiento a sus acciones y su impacto; resulta menos accesible de inmediato para quienes carecen de esa capacidad. Una versión más inclusiva requeriría la cocreación con los actores a los que pretende servir.
El marco Sur-Sur también merece un análisis minucioso. Tailandia y Venezuela comparten posiciones periféricas con respecto al canon del Norte, pero ocupan posiciones diferentes dentro de la economía política global, y esas diferencias determinan qué transferencia de conocimiento es realmente posible. Nos preocupamos por no idealizar la solidaridad del Sur Global de formas que encubran las asimetrías reales.
La tensión entre el marco Sur-Sur y el contexto institucional europeo es una cuestión de epistemología y representación. LAGA responde a ella poniendo en el centro el conocimiento y las prácticas contextuales, así como su complejidad técnica y cultural. El alejamiento de la educación gastronómica eurocéntrica no se propone desde las instituciones europeas hacia afuera, sino —con rigor y base práctica— desde dentro del Sur Global.
7. Cocinas que se abren al mundo
La labor de construir futuros diferentes es lenta y requiere una infraestructura institucional sostenida que es difícil de mantener. El modelo eurocéntrico persiste en las aspiraciones de los estudiantes, las redes profesionales y los circuitos globales de prestigio que aún tienen como centro a París, Tokio y Nueva York. Pero tras cuatro años de una modesta colaboración en Caracas, se vislumbra una alternativa: institucionalizada en LAGA, extendida a la enseñanza y a los eventos, y que comienza a dar forma a instituciones homólogas.
Sahmkow se cuida de no exagerar lo que la educación formal puede lograr. «No tiene por qué ser una educación formal en gastronomía. Por supuesto que ayuda —pero a veces ayuda recorrer ese camino con otras personas y otros tipos de capacitación». El futuro no es necesariamente uno en el que los programas universitarios de gastronomía se conviertan en la única vía de acceso legítima, sino uno en el que esos programas sean lo suficientemente permeables como para incorporar, validar y aprender de los conocimientos que llegan desde fuera de ellos —de Seeds Journey, de la diáspora, de disciplinas que nunca se han autodenominado gastronómicas.
Esa permeabilidad es en sí misma una propuesta pluriversal: siguiendo a Escobar (2018) y Feukeu (2024), una orientación hacia el futuro basada no en la universalización de un único modelo de excelencia culinaria, sino en la coexistencia de muchas formas de conocer la comida, alimentar a las personas y construir el territorio. Simon-Sasyk denominó la imagen con la que queremos concluir nuestra conversación de marzo de 2026: «cocinas que se abren al mundo, y un mundo que se abre a las cocinas» —la gastronomía entendida como un campo social e intelectual, arraigada en un lugar y en un tiempo, «no como un ejercicio creativo de un genio solitario». ¿Es ese el sistema educativo gastronómico hacia el que nos encaminamos, o solo aquel que estamos comenzando a imaginar?
Referencias
Chimal, A., y Ramos, J. (2026). Reimaginando el hemisferio: De las narrativas imperiales a los futuros pluriversales en América Latina y el Caribe [Convocatoria de contribuciones]. Simposio de Perspectivas de la Revista de Estudios del Futuro, Tamkang University Press.
Inayatullah, S. (2008). Seis pilares: Pensamiento prospectivo para la transformación. Foresight, 10(1), 4–21. https://doi.org/10.1108/14636680810855991
Quijano, A. (2000). La colonialidad del poder, el eurocentrismo y América Latina. Nepantla: Miradas desde el Sur, 1(3), 533–580.
Naciones Unidas. (2015). Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible (A/RES/70/1). Asamblea General de las Naciones Unidas.
Willett, W., Rockström, J., Loken, B., Springmann, M., Lang, T., Vermeulen, S., … Murray, C. J. L. (2019). La alimentación en el Antropoceno: La Comisión EAT–Lancet sobre dietas saludables a partir de sistemas alimentarios sostenibles. The Lancet, 393(10170), 447–492. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(18)31788-4
Escobar, A. (2018). Diseños para el pluriverso: interdependencia radical, autonomía y la creación de mundos. Duke University Press.
FAO. (2017). El futuro de la alimentación y la agricultura: tendencias y desafíos. Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.
Feukeu, K. E. (2024). Una definición pluriversal de los estudios del futuro: estudios críticos del futuro, de la periferia al centro. En R. Poli (Ed.), Manual de estudios del futuro (pp. 80–97). Edward Elgar Publishing.
Candy, S., y Kornet Weber, K. (2019). Dando un giro a la prospectiva: una introducción a los futuros experienciales etnográficos. Journal of Futures Studies, 23(3), 3–22. https://doi.org/10.6531/JFS.201903_23(3).0002
Divulgación: Uso de IA
Todo el contenido intelectual de este artículo —incluido el diseño del marco, el enfoque teórico, los argumentos, el análisis de casos y las conclusiones— es obra de los coautores. Se utilizó Claude (Anthropic, Claude Opus 4.6) para organizar y convertir el material de origen proporcionado por los autores en un borrador de prosa. Claude no generó análisis, argumentos ni conclusiones de manera independiente. Los coautores revisaron y modificaron todo el contenido, y asumen plena responsabilidad por el mismo. Este uso se divulga de conformidad con la política de JFS sobre IA. El material de origen proporcionado a Claude incluyó: (1) una conversación de contextualización entre los cuatro coautores el 27 de marzo de 2026, que incluyó una transcripción generada por Gemini; (2) la documentación del proyecto de 2022–2023 (presentaciones de lanzamiento y recomendaciones, la propuesta y estructura del módulo en línea, el resumen de la sesión en vivo, el plan de comunicaciones y la retrospectiva interna); y (3) la bibliografía del módulo. Las citas directas de los coautores provienen de la transcripción del 27 de marzo de 2026. Las indicaciones clave incluyeron: «ayúdame a adaptar este borrador a lo que realmente se hizo en el proyecto (toda la información está en las carpetas)»; «esta es la conversación inicial que tuvimos, ¿puedes adaptar lo necesario según lo acordado en la llamada?»; y «adapta al límite de caracteres». Los registros completos de las indicaciones y todos los demás materiales de origen están disponibles a solicitud.
En una segunda sesión (29 de abril de 2026) se utilizó Claude para integrar las contribuciones de los profesionales recibidas después del borrador inicial: respuestas escritas de Lilian El Kareh (coordinadora académica, LAGA) sobre la aplicación operativa de los cinco pilares; respuestas testimoniales de los estudiantes Laura, Ommy y Leonardo (recopiladas por Mónica Sahmkow mediante consulta directa); un relato de María Gabriela Vera, miembro del cuerpo docente, sobre la metodología pedagógica; y las notas de Sahmkow sobre la interdisciplinariedad como segundo eje transversal. La indicación para esta sesión fue: «integrar la contribución de Mónica [citas y testimonios pegados]como punto de partida del marco teórico». Los registros completos de las indicaciones están disponibles a solicitud.
Entrevistas
Los estudiantes participantes dieron su consentimiento informado por escrito para el uso de sus testimonios en esta publicación.
| Nombre | Cargo | Fecha |
|---|---|---|
| Laura Michelangeli | Estudiante, Certificación Culinaria, LAGA | 20 de abril de 2026 |
| Jeyverson Ommy Solórzano | Estudiante, Certificación Culinaria, LAGA | 20 de abril de 2026 |
| Leonardo Hernández | Estudiante, Certificación Culinaria, LAGA | 20 de abril de 2026 |
| Lilian El Kareh | Coordinadora académica, LAGA | 20 de abril de 2026 |
| María Gabriela Vera | Profesora, LAGA | 21 de abril de 2026 |
| El 24 de junio, dos terremotos sacudieron Venezuela —de magnitud 7,2 y 7,5—, en La Guaira y Caracas. Nuestra colega Mónica Sahmkow y LAGA están en el lugar: cocinando y organizando.
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