Raziel Sosa Mendieta
Introducción
En un futuro no tan lejano, aunque más pa’llá que pa’cá, el género epistolar se reconoció tan académico como el texto académico se performa narrativo. No hubo lugar para la literatura monogenérica; poesía y epistemología se escribieron en la unicidad de la oralidad barrial. Las citas ya no iban fuera del cuerpo textual; las referencias, antes epilogísticas, representaron mañana un vulgar alardeo del capital cultural de quien escribió. Los glosarios perdierían la disputa contra las gramáticas del secreto. Citas y referencias se olvidarán bajo los escombros de la racionalidad occidental, y evocarán, hasta su muerte, la nostalgia por un pasado de desigualdad en la distribución geopolítica de la teoría.
Hoy, este texto no tiene futuro; anteayer, estas letras tendrán porvenir.
13/08/1521
Tequipeuhcan
Cuiloni, cuiloni (o sea Puto, puto)
Sé que para ustedes mis martirios son gloria. Sé del mito de que compré mi ascenso con jades. Que tengo pasiones de autodestrucción; que no debí ser Señor, y que Cuitláhuac fue el último verdadero. Dicen que yo soy el héroe por antonomasia. Pero no. Yo no soy un héroe. Mi petate fue de hilos gruesos y coloridos. Mis sueños, compañeros malditos; mi estirpe, valerosa. Fueron las lágrimas de Tetlepanquetzal las crepitantes. Y nadie recuerda el crujir de la sal en el fuego; su memoria es la pintura de envergadura y los antiguos calpoltin de barro con aroma a cocoles de anís.
Sentado sobre la piedra roja, soy el aroma del amor chamuscado. El olor me abraza firmemente como cuando uno coge con los guerreros bajo la sombra clandestina del matorral. Huele a orgía entre nobles y macehuales. Mi nombre no es la imaginería del águila que desciende, sino de la que cae fulminada, conminada por el placer. Por eso yo no soy un héroe. Mis últimas visiones son de barbados de apestosas armaduras; mis presagios, de cruces eróticas. Del más poderoso quiero todo, necesito un cambio. No es suficiente con que me clave el puñal en el corazón. Necesito su verga, necesito que me desee para poder labrarnos un mejor destino sin hacer de esta esclavitud la condición de nuestra resistencia.
Yo no soy un hombre, ellos asesinan en nombre de la patria, y no existe nada más animal en el cuerpo de un hombre que su mente. Yo no sabía si estaba preso de mi poder o de mi culo; si por Tlatoani o por Cuiloni. Debí planear mi muerte yo mismo, imaginarla. De no haber sido por mi condición, y de no haber sido tan desgraciada la sorpresa de los invasores cuando me vieron, no me hubiera mimetizado en el músculo y la valentía. No resplandecería este sol sobre mi pecho. No sería sino el perfecto cuiloni: el que nadie recuerda. Un cuiloni más. Un puto de pies, verga y virtudes grandes, nadamás. Y es que los replicantes son grandísimos plagiadores de mentiras. Que si muy guarro, que si muy guerrero. No, yo no soy un héroe.
De muchas formas y a muchas horas deseé ser apresado, tomado, poseído. En ese ensueño ensimismado de cautividad apresaba también los sueños de los míos. Tuve pensamientos de traición como precio para poder ser alguien de verdad. Una cabeza digna de plumas, no un falso mártir de decrépita honestidad. Una última vez logré reconocerme bajo la bota del invasor, me enamoré de su beso brujo. Apresado en bondage, sudando el mecate, deseando a mi captor. Pude ver que la vida en sí no es más que la ficción hecha epopeya. Que ese beso séptico haría con mi vida muchas nuevas vidas y éstas harían de mi memoría una aleación de bronce. Para inventar la comunidad imaginada, su geografía imaginada y sus duelos y deseos ensoñados. No, yo no soy un héroe. El aliento del patriarca no fue como la pasión de su beso. Ningún beso de ningún cuiloni había sido tan desabrido y, a la vez, tan lleno de ilusiones y alucinaciones nuevas. Ése beso me trajo la enfermedad y en la enfermedad comenzó la vida. La radicalidad de la ficción mexica. El barroquismo comunitario de este cuiloni de geografías perdidas.
¿Sabe usted si la guacamaya roja pueda retoñar bajo las pupilas de otro mundo? Nadie sabe la ficción que el deseo engendra. Yo me aventuré, me enredé, chapié, coroné, triunfé. Por eso México-Tenochtitlan no cayó, sino que la acallamos imaginando su ruina. Fue uno de esos presagios funestos, de templos quemados y aves-espejo. Fue también el tierno presagio de migrar al fondo del mar, donde tal vez se mezclan las aguas rojas con las azules, donde norte y sur; frío y calor; victoria y derrota harían de mí algo diminuto que ya de por sí era mucho: ser un héroe. Pero no, ese fondo no existe porque nadie lo ha querido imaginar dentro de este limitado monopolio heterosexual de la historia.
Tal vez en ese fondo dejaría de odiar a los míos por ser tan hombres, por ser tan grandes héroes.
S.f.
s.l.
Kuantumanifesto
1. O passado é um território em disputa.
2. Francamente, future ain’t human.
3. Presente, profesore.
07/01/2014
Horizonte de Sacrificio
DM a Peso Pluma en vivo desde la Meth Gala
Venía saliendo del metro Tacubaya cuando una flecha me atravesó el corazón. Luego recordé que esto es México y que aquí Cupido ya es sicario. No me enamoré, me invadió una profunda depresión pozolera. Me invadió la honda rabia de mi jauría amorosa de Perras Perriféricas y el escuadrón de la muerte me aconsejó escribirte este mensaje.
No te ofendas, yo te escribo del amor en la misma lengua que te hablo de la rabia.
Papi te cuento que nos come el tiempo y el lugar amerita. A bordo de la ruta Tacubaya – Santa Fe, me encontré la carta que la Yeguaza del Apocalipstick le escribió a la Liz Taylor. Ahí dije, le voy a escribir a mi papito chulo, a ver si nos presta para pagar la perpetuidad de mi amorcito en el Panteón Dolores, porque el bello mausoleo de Jardines del Recuerdo ya está sobrepoblado. No pretendo mandarte consejitos ni menjurjes brujiles. Mucho menos cancelar tus narcocorridos. Sabrás que no te escribo desde la paranoia sidática: el chequeo de junio dio negativo. Te adjunto la prueba.
Más bien te escribo a ti, papito chulo, porque en mi barrio ya no tengo a quién escribirle. Hay una epidemia que está extinguiendo la hermosura de mi barrio. Un verdadero y silencioso genocidio. Uno a uno mis amantes se van yendo. Entre el vacío de mi corazón y el recuerdo de sus músculos recios, me atrapa la soledad.
Rumbo a Santa Fe, el microbusero puso tu corrido, el de Don Perignon Lady Gaga lentes en la cara, tusi lavada. Y el viejo que iba sentado atrás de mí rezongó, quesque porque tu música es música para pinches perros. Así dijo el viejo, ¿tú crees? Yo pensé en pintarle jeta, pero apenas lo miré le pinté una sonrisa. Me flechó su soledad, porque así soy yo, una perra de cadena gruesa que parece que quiere morder pero que en realidad sólo busca una caricia. No tengo perdón porque el que perdona murió en la cruz y porque siempre que voy en el camión veo a los míos al tiro para trenzarse con quien sea, por la más mínima pendejada. Quesque de cabrones… Yo no voy buscando pleito proletario, sino queriendo amor barrial.
En estos barrios mexicanos, Santa Marta activa la imagósfera de un reclusorio y la metafísica del gueto nos ha robado el dulce beso de la Metresa Travesti. Por eso me conformaré con un visto como respuesta […]
Papi, la neta te escribo a ti porque a la Liz Taylor ni la topo. Siento que esas son referencias muy de jotosauria, muy de esconder en la gringofobia el anhelo hipócrita de brincar el charquito […]
Quiero que le dediques un corrido a la jauría de Perras Perriféricas con las que ando buscando hueso roído. Es que somos bien pinches pedinches, bien pinches hambreadas. Es porque sospechamos del hambre y le hemos declarado la guerra […]
Si acaso te escribo para que le compongas un corrido al chamaquito de la vecindad que me gustaba, que me ponía cachorra y que mataron antier a Puro Plomazo por dárselas de malote, de sicario. Por andar de alucín. Otra vez el vacío, el hambre de ser alguien y la incapacidad de discernir entre el narco y quienes le cantan, entre tiempo muerto y tiempo pa’ matar.
No sé si entre tanto delirio de Malandro y síndrome de Doña Florinda las legiones del hambre podamos volvernos a identificar con un corrido de cordel, un corrido negrindio, amefricano y profundamente barrializado. Estamos muy cansadas de buscar respuestas a nuestras pérdidas en las buenas conciencias y en los outfits del Meth Gala.
No sé si puedas armarnos un corrido de combate con versos de emergencia. Con besos de emergencia. Es que necesitamos cantar la desgracia para no olvidar que cuando matan a un chamaco hermoso, matan también a sus amantes, a sus madres, a sus hermanas. Matan también los sueños que del hambre no pudieron recordar al despertar de esta pesadilla de gueto.
Me canso de repetir que en el barrio también hay sueños, pero siguen siendo los sueños musculares que Fanon predijo en Los Condenados de la Tierra, casi como un oráculo poliomielítico a medio morir, encabronado por la chingadera de prólogo que le escribió el Sartre. Quesque la existencia precede a la esencia y que la mentira nos embarga y quién sabe cuánta mamada que leo y releo y nomás no entiendo. Pero cómo no entender que me libero todas las madrugadas, cuchareando con la memoria. Fanon no mintió, pero era demasiado heterosexual.
Si te da la pluma y a nosotras nos alcanza la vida quisiera que nos recordaras, papito chulo. Quisiera que en el Coachella te echaras un corrido contra el olvido, a todo pulmón. Duro y tupido como el pitudo que se creyó invisible detrás de un negro pasamontañas. Y no me admiro de sexualizar imbécilmente los ataúdes de mis ex maridos. Mi mayor mérito fue haber sobrevivido a las fiestitas de hielo organizadas en el castillo tlalpeño de Elsa la princesa amazónica. Donde las maricas todavía se congelan los miedos y bailan slams en esas camas sin poesía, sin punk rock de fondo. Donde los dulcecitos sexuales me habían podrido los dientes y la única que se atrevía a proponerme matrimonio era la muerte. Donde mis sueños y mis duelos se extendían como espirales de paranoia entre la huesuda y la sin hueso. Donde mis miedos decoloraban esas amoratadas encías, cada vez más retraídas por la nieve sabor a gasolina de este aferrado afán […]
Por eso no te escribo para que me respondas, sé que no te importa mi rehabilitación.
Pero si me escribieras algo antes de que me den cuello por verguera […]
Porque el sueldo sí alcanza para comernos la sopa de letras del corrido, pero no para comprarnos pecheras originales traídas de Israel. No hay con qué importar otros sueños, otros sentidos de existencia. Nos estamos quedando sin reservas para exportar las promesas barriales. Y es que los horizontes tumbados no son nada baratos, pero tal vez tus reliquias indolatinas de la muerte salven a unos cuantos de morir abrazando una Biwis. Tal vez alcance para que mis amigas madres puedan velar a sus hijos como Dios manda, sin temor a que se aparezcan los contras en la vecindad. Puede que nunca más tengan que rebuscar entre el baúl de fotos para hacer gramática del duelo a través de cadenas de WhatsApp. Es más, puede que se vayan los velorios a los hijos y regresen las fiestas de cumpleaños a la familia, que se extinga esta nueva costumbre de poner moños negros como pies de foto que divulguen nuestro luto en Instagram. Que no tengamos que imitar a las maricas que se envolvían en lazos rojos antes del activismo de la VIHDA y la reivindicación generosa de las VIHchotas tercermundizadas.
Una de tus palabras, papito chulo, puede que rescate a un montón de cuerpos hermosos de piel morena, a una bola de vergueros que se han creído los corridos. Esos racializados de pieles güeras que se quedaron a medio sueño entre putirrucas operadas y puticoches del año. Moviendo los kilos infectamos aún más la herida. Traficando los tabiques matamos nuestra espiritualidad barrial. Puede que uno de tus versos nos devuelva a todos los pobres de los que lo único que queda es su apodo en los murales de la virgencita. Chance y nos permite detenernos para escanear dos veces el horizonte antes de decir “arre, me la rifo”. Papito chulo, tal vez una de tus rimas alcance para causar una huelga masiva de nacos contra el olvido, de guarras por la memoria […]
Entonces, mi amor ¿jalas o lo hacemos nosotras solas? ¿Te enterrarán con un sharpie para firmar autógrafos en el más allá? ¿o también el cielo está dividido en zona VIP, backstage y camerinos? ¿Será que los nueve círculos dantescos del infierno corresponden a nueve distintas clases sociales? […]
Es que las glock no saben amar, mi amor […]
Me contentaré si en el próximo concierto rompes los anhelos del tumulto barriobajero que te escucha, y nos obligas a pagar por adelantado algún verso brujo que recuerde que el barrio no tiene por qué ser una condena. Que nuestra condena puede ser también un vaso de leche caliente por las noches después de un largo día en la escuela de artes. ¿Querrás anexarte en la Oceánica más cara de Sinaloa? ¿Hay otros océanos posibles en Matamoros, Tijuana, o Tepito? Ahí puedes inventar estos versos vanguardistas que te propongo, escribirlos con Plumas de Platino, mientras todas nosotras seguimos imaginando poemas con nuestra propia mierda lejos de las Putas Penitenciarías y fuera de las jaulas de la melancolía de las locas […]
Con mucho amor y honda rabia: tu perra barrializada y perriférica. Tú no sabes quién soy, pero eso no me ofende, porque yo te escribo del amor con la misma lengua que te hablo de la rabia.
