José María Ramos

1. Una visión para un hemisferio diferente

Bad Bunny salta por el campo durante el entretiempo del Super Bowl con bailarines detrás de él que portan las banderas de todos los países de las Américas: “Esto es América”, declara, presentándonos este hemisferio como una sola comunidad; en lugar de una jerarquía.

Esa afirmación va en contra de quinientos años de historia. Quijano (2000) denominó a esta historia como la «colonialidad del poder»: un orden racial y geográfico que coloca al Norte por encima del Sur, y a los europeos por encima de los indígenas y los africanos. Los imperios que construyeron ese orden ya no existen, pero ese orden aún permanece. Las Américas han seguido generando alternativas a ese orden, y estas alternativas siempre se han enfrentado a políticas diseñadas para destruirlas. De Sousa Santos (2014) sostiene que los poderes dominantes hacen más que derrotar futuros alternativos también borran las evidencias de que alguna vez haya sido posible otro orden; para que el actual orden parezca inevitable.

Sostengo que en Latino America, al igual que en muchas partes del Sur Global, el crear futuros alternativos es una forma de promulgar leyes por medio de la política para poder sobrevivir. Es una lucha constante en contra de la soberanía y solidaridad del imperio , y sin esta lucha no hay futuro ético. Esa misma lucha existe en la tradición de la prospectiva en toda la región, desde la escuela de la CEPAL/ILPES hasta Medina Vásquez (2014), que desde hace tiempo ha considerado la prospectiva como una herramienta para la liberación.

2. La ejecución de los futuros de un hemisferio

El 3 de enero de 2026, en una operación que duró poco más de dos horas, las fuerzas de Estados Unidos bombardearon Caracas, secuestraron ilegalmente a Nicolás Maduro, el presidente de Venezuela, lo trasladaron en avión a Nueva York, y el presidente estadounidense, Trump, anunció que Washington «gobernaría» Venezuela y se quedaría con su petróleo.

Este momento de gangsterismo no es un caso aislado. Un solo suceso puede explicarse por sí mismo. Pero hay variedad. Existe la fuerza militar bruta: la invasión de Venezuela y los ataques aéreos de EE. UU. contra laboratorios de drogas en territorio soberano mexicano. La coerción económica por medio de aranceles del cuarenta y cincuenta por ciento contra Brasil, vinculados —según el propio texto de la orden ejecutiva— al proceso judicial contra Jair Bolsonaro en ese país; los aranceles contra México calibrados en función del fentanilo y la migración; las sanciones contra Colombia. Guerra jurídica: sanciones Magnitsky contra un magistrado en funciones de la Corte Suprema de Brasil (McGovern, 2025); sanciones contra el presidente Petro y su familia (Oficina de Washington para América Latina [WOLA], 2026; Americas Society/Consejo de las Américas [AS/COA], 2026). Manipulación electoral: el respaldo de Trump por Nasry Asfura en Honduras, su amenaza de recortar fondos si este no gana en las elecciones, su indulto en plena campaña a un expresidente hondureño que cumple una condena de cuarenta y cinco años por tráfico de drogas (Associated Press, 2025); su respaldo a Abelardo de la Espriella en Colombia. Y el instrumento más sutil de todos, no una imposición sino una invitación: la alineación entusiasta de Milei, Bukele, Noboa, Paz y Kast, cada uno de los cuales busca a Washington en lugar de resistirlo, intercambiando el traslado de embajadas a Jerusalén, la cooperación de las mega-cárceles para deportados por cambio de exenciones (disculpas) arancelarias, y obtener un lugar seguro para gozar del favor del Norte (WOLA, 2026; AS/COA, 2026).

Instrumento Mecanismo Casos
Fuerza militar Invasión, captura, ataques aéreos en territorio soberano Venezuela; México (ataques a laboratorios de drogas)
Coercion económica Poniendo presión con aranceles y sanciones vinculados a asuntos políticos internos Brasil (Bolsonaro); México (fentanilo/migración); Colombia
Guerra jurídica / ataques contra personas específicas Sanciones Magnitsky, revocaciones de visas, acusaciones contra funcionarios Brasil (juez Moraes); México (gobernador + 10 funcionarios); Colombia (Petro)
Intervención electoral Respaldos a ciertos candidatos, amenazas de retención de fondos, indultos (perdones) simbólicos Honduras (Asfura); Colombia (de la Espriella)
Alineamiento de la élite por invitación Convergencia voluntaria a cambio de exenciones y favores Argentina, El Salvador, Ecuador, Bolivia, Chile

Tabla 1: Procesos contemporáneos de influencia de EE. UU. en América Latina

Robinson (1996) sostiene que Estados Unidos aprendió hace mucho tiempo a preferir la pseudo-democracia de baja intensidad al Golpe de Estado descarado: asegurando sus intereses no mediante la suspensión de las elecciones, sino cultivando a las élites que ganarán las elecciones y luego gobernarán, y de cualquier modo, en beneficio de Washington. A esto lo denomina «poliarquía»: un conjunto de herramientas, desde los aranceles hasta el invitador abrazo, que preserva la forma democrática mientras que vacía la substancia de la soberanía. La invasión de Venezuela es la excepción que confirma la regla: cuando la poliarquía no es suficiente, se recurre a un instrumento más contundente. La poliarquía es el guante de terciopelo del imperialismo moderno al estilo estadounidense.

3. Desde algunos eventos hasta patrones de comportamiento: La Estructura del Imperialismo según Galtung

La Teoría Estructural del Imperialismo de Galtung (1971) ofrece la explicación más clara que une los puntos. la dominación funciona a través de una alianza dentro del país dominado: un pequeño grupo cuyos intereses están más estrechamente vinculados al núcleo de los ricos, que a su propia población —una clase terrateniente, una élite exportadora, un liderazgo político que ha unido su destino al del Norte—. Galtung llamó a esto “la cabeza del puente”. Este núcleo no necesita controlar a toda la sociedad, solo tiene que mantener “la cabeza del puente” y dejar que esta se alinee al país con los intereses del núcleo de la elite.

Una élite exportadora colombiana tiene más en común, en términos materiales, con Washington que con un campesino colombiano. Donde se mantiene esa alineación, no se necesita coerción. Milei, Bukele, Noboa, Paz y Kast no son víctimas del imperialismo. Son “la cabeza del puente” y les agrada ese arreglo porque les beneficia económicamente. La coerción sólo se vuelve necesaria cuando un gobierno deja de servir como “cabeza de puente” y comienza a gobernar para beneficiar a su propio pueblo; después llegan los aranceles, las sanciones y, si es necesario, la invasión.

Petro, Lula, Sheinbaum y Maduro rechazaron cada uno ese papel, y los rechazos no fueron equivalentes. Petro y Sheinbaum impulsaron reformas redistributivas con mandatos democráticos. Lula basó su rechazo en la soberanía y la multipolaridad, lo que lo fortaleció en su país en lugar de debilitarlo. Maduro presidió sobre la decadencia autoritaria y el colapso económico de su país y su rechazo fue, ya para entonces, más simbólico que sustantivo. La estructura los trató a todos por igual. Un gobierno no necesita ser popular, competente o democrático para convertirse en blanco de ataques. Solo tiene que rechazar el papel de “cabeza del puente”.

Vale la pena señalar lo que “la cabeza del puente” sincroniza. Estados Unidos ha permitido que el capitalismo canibalice su propio cuerpo social: la especulación inmobiliaria que deja afuera del mercado a la mayoría, una industria farmacéutica que impulsa una epidemia de opioides, un sistema alimentario industrial que genera enfermedades, una industria de armas de fuego con intereses en la venta de armas; la lista continúa. La victoria del capitalismo allí es la victoria de unos pocos sobre la mayoría. “La cabeza del puente” extiende esa lógica más allá de las fronteras: las élites del Norte y del Sur sincronizan sus intereses en contra de sus propias poblaciones. El objetivo es la acumulación, y no importa si se logra a costa de la gente en el extranjero o en casa.

En marzo de 2026, Trump lanzó el «Escudo de las Américas» en su resort de Miami, una coalición de seguridad de diecisiete naciones que, en apariencia, tenía como objetivo a los cárteles. La lista de miembros reveló el motivo oculto. México, Colombia y Brasil, los países más afectados por el narcotráfico y más indispensables para cualquier esfuerzo genuino de lucha contra las drogas, no fueron invitados; en cambio, la lista estaba compuesta íntegramente por la élite alineada: Milei, Bukele, Noboa, Kast y sus pares. Hegseth inauguró la cumbre citando a Andrew Jackson, uno de los arquitectos del genocidio de los pueblos indígenas americanos, y mobilizó a los líderes reunidos como «naciones cristianas bajo Dios» contra el «narco-comunismo radical» (The Globalist, 2026); usando la misma fusión propagandística usada por Reagan anos atras entre la política de izquierda con la criminalidad relacionada con las drogas. El enemigo declarado por Hegseth es el cártel; sin embargo, la función estructural es la reafirmación del dominio hemisférico a la sombra de China y los BRICS, cuyo comercio con la región se ha multiplicado por cuarenta, desde el año 2000. “La cabeza del puente” de Galtung, aquí está institucionalizada y revestida, en lo que Mignolo (2011) denomina la retórica de la modernidad, mediante la cual toda explotación llega disfrazada de salvación: civilización, seguridad, progreso.

Galtung explica el funcionamiento de “la cabeza del puente”. La «colonialidad del poder» de Quijano (2000) explica la subjetividad que la hace parecer legítima. Milei y los bolsonaristas hablan abiertamente de un Occidente cristiano bajo asedio, mientras que Noboa y Bukele crean un gobierno que favorece el tecnocapitalismo corporativo occidentalizado, rechazando el pluralismo cultural y homogeneizando el Estado-Seguridad. Milei cerró el instituto antidiscriminación de Argentina y despojó a las comunidades indígenas de protección contra los desalojos, y Bolsonaro prometió deshacerse de la protección y demarcación de tierras indígenas.

Estos gobiernos tratan las reivindicaciones territoriales indígenas y las medidas de protección ambiental como obstáculos para la inversión financiera transnacional. Eso pone el aparato económico del país al servicio de los intereses de la élite blanca y mestiza. El resultado es una ceguera estructural ante el color de la piel que refuerza la jerarquía racial que dice no ver. Así que cuando estos despliegan los poderes de emergencia y la policía militarizada que el «Escudo de las Américas» recompensa desde Washington— la criminalización, la violencia y el desplazamiento recaen con mayor dureza sobre las comunidades pobres y rurales de afrodescendientes, mestizos e indígenas.

Hace siglos se inventó una jerarquía de raza, casta y color como herramienta organizativa de la vida social en las Américas. Sin embargo, aún persiste esta jerarquía y sustenta la formación de cabeza del puente de las élites entre Washington y las Américas, que se perciben a sí mismas como occidentales, blancas y modernas. Donde no se puede cultivar o elegir una “cabeza del puente”, la elite recurre al dolor económico y a los aranceles. Donde los ciudadanos se muestran desafiantes y poseen algo que Washington necesita, se les elimina.

Visto así, la gama de instrumentos para la poliarquía deja de ser un enigma. Los métodos varían según la resistencia, no según el propósito.

4. Un siglo de futuros alternativos destruidos

Greg Grandin, en *America, América* (2025), invierte la historia que a la mayoría de los norteamericanos se les enseña en la escuela. Las ideas que hoy consideramos el bagaje moral del mundo moderno —la igualdad soberana de las naciones, la no intervención, la noción de que los derechos sociales y económicos forman parte de una sociedad decente— no fueron regalos otorgados por el Norte a un Sur atrasado. Se forjaron en el Sur, a menudo en el acto de resistir al Norte, y luego estas ideas fueron absorbidas cuando convenía o fueron destruidas cuando amenazaban los intereses del Norte.

Bolívar soñó con una confederación de repúblicas iguales un siglo antes de la Sociedad de Naciones; los juristas latinoamericanos incorporaron la no intervención al derecho internacional mientras los marines estadounidenses aún desembarcaban en los puertos del Caribe. Para Grandin, el Sur ha sido el laboratorio de las mejores ideas políticas del hemisferio y al mismo tiempo el cementerio donde el Norte ha venido a enterrarlas.

En Guatemala, en 1954, un gobierno elegido democráticamente había, en diez años, entregado tierras a ciento treinta y ocho mil familias, construido un sistema de seguridad social que funcionaba, llevado a cabo una campaña nacional de alfabetización y había comenzado a construir las carreteras y los puertos que liberarían al país de una única empresa frutícola estadounidense. Todo estaba funcionando muy bien—y precisamente por eso no pudo continuar (Gleijeses, 1991). La operación de la CIA intervino y destruyó ese movimiento democratico y se justificó con la ficción de la infiltración soviética; pero el verdadero temor de la elite era el efecto este movimiento tuviese de poner el ejemplo y demostrar que un país pequeño que triunfaba según sus propios términos, daría ideas al resto del hemisferio.

La misma lógica se aplicó en Chile. Cuando Salvador Allende fue elegido en 1970 prometiendo el socialismo por medios democráticos —nacionalizar el cobre que controlaban las corporaciones estadounidenses, distribuir leche a todos los niños, enviar trenes de salud al campo— las instrucciones de Nixon a la CIA fueron contundentes: hacer que la economía de Chile gritase. Pero es el razonamiento de Kissinger el que delata el juego. El peligro de Allende, escribió Kissinger, era que su «efecto “modelo” puede ser insidioso». No su debilidad, sino su ejemplo. «¿Qué vamos a decir», preguntó, «cuando otros países empiecen a elegir democráticamente a otros Salvador Allendes?» (Kornbluh, 2013). El golpe se produjo el 11 de septiembre de 1973, y en lugar de Allende, llegaron diecisiete años de Pinochet__ fascismo, desaparecidos y el primer experimento completo de economía neoliberal con «terapia de choque» que más tarde se impuso en toda la región. La alternativa de Allende no sólo fue derrotada; fue reemplazada por su exacto opuesto.

Lo que siguió en el Cono Sur fue una arquitectura coordinada de terror, y Estados Unidos fue su socio silencioso. En Brasil, el golpe de 1964 fue respaldado y apoyado por Washington y una fuerza operativa naval. En Argentina, la junta que tomó el poder en 1976 asesinó e hizo desaparecer a treinta mil personas —líderes sindicales, estudiantes, cualquiera que manifestara, incluso por tarifas de autobús más baratas— arrojadas vivas desde aviones al Río de la Plata. El mensaje de Kissinger a los generales, a través de su ministro de Relaciones Exteriores, fue que, si había que hacer algo, debía hacerse rápidamente, antes de que el Congreso de EE. UU. dificultara el apoyo: una luz verde, que en Buenos Aires se interpretó exactamente como se pretendía. Estos regímenes se coordinaron a través de la Operación Cóndor —una red transnacional de asesinatos que vinculaba a Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Brasil, y que un cable estadounidense denominó «Murder Inc.» [Asesinar Inc.] (McSherry, 2005). Washington les proporcionó inteligencia y entrenamientos, en gran parte a través de la Escuela de las Américas en Fort Benning, Georgia, donde generaciones de oficiales latinoamericanos aprendieron las técnicas de interrogatorio mediante tortura que luego llevaron estas a sus países. Los torturadores del hemisferio, de manera desproporcionada, compartían una misma alma máter, y esta se encontraba en Estados Unidos (Gill, 2004).

En Nicaragua, los sandinistas derrocaron a la dinastía Somoza, respaldada por Estados Unidos en 1979, y cometieron el pecado capital de la reforma estructural progresista: una cruzada de alfabetización que redujo drásticamente el analfabetismo en un solo año, una reforma agraria y clínicas de salud rurales (Arnove, 1981). La administración de Reagan respondió armando a los Contras, cuya guerra se enfocó deliberadamente en las mismas clínicas y escuelas que eran los logros más destacados de la revolución sandinista; cuando el Congreso de Estados Unidos recortó los fondos, la administración continuó en secreto, vendiendo armas a Irán y desviando las ganancias —el caso Irán-Contras—, cuyo significado más profundo fue que destruir la alternativa nicaragüense valía la pena incluso infringir y romper las leyes estadounidenses.

Cuba soportó el asedio más prolongado de todos: seis décadas de embargo, cientos de atentados documentados contra la vida de Castro, la invasión de la Bahía de Cochinos —un castigo no por haber fracasado, sino por el éxito imperdonable de haber construido, bajo el bloqueo, sistemas de salud y educación que superaban a gran parte del hemisferio, aun cuando presentaran las contradicciones reales de un Estado unipartidista. La crueldad fue proporcional al ejemplo.

Lo que se destruyó en cada caso no fue una amenaza de fuerza, sino una amenaza de ejemplo, en términos de De Sousa Santos (2014), «la producción de la inexistencia». Guatemala, Chile, Nicaragua, Cuba: ninguno representaba una amenaza militar para Estados Unidos. Su peligro era epistémico: eran demostraciones de que era posible otra organización de la vida social, no en teoría sino en la práctica, llevada a cabo por personas reales en un terreno real.

5. No nos arrodillamos

La historia de las Américas es una historia de generar alternativas propias, de trazar futuros soberanos al rechazar el papel de” cabeza del puente” y de pagar por ese rechazo.

En México, el primer día de 1994, cuando entró en vigor el TLCAN, los zapatistas se levantaron en Chiapas: comunidades indígenas que declararon que el futuro que prometía el TLCAN era una sentencia de muerte y que, en su lugar, se gobernarían a sí mismas (Harvey, 1998). No pidieron reconocimiento alguno del Estado ni buscaron un lugar en él. Simplemente comenzaron, en las montañas del sureste, a practicar una autonomía a la que la estructura elite podía ejercer presión, pero a la que no podía llegar fácilmente.

En octubre de 2025, Gustavo Petro —el primer presidente de izquierda en la historia de Colombia, un ex-guerrillero, para entonces sancionado por Estados Unidos e incluido junto con su familia en una lista que lo señalaba como participante en el tráfico mundial de drogas— respondió a la acusación con cuatro palabras (Departamento del Tesoro de EE. UU., 2025). “We will not kneel” No nos arrodillamos. Las naciones de este hemisferio no son meros objetos del poder del Norte. Se niegan a arrodillarse, y esa negativa tiene una historia.

La presión política de Washington está dirigida contra la persistente tendencia de las naciones de las Américas, a lo largo de dos siglos, a generar gobiernos que rechazan el papel de “cabeza del puente”, e insisten en gobernar en interés de su propio pueblo. Consideremos lo que se rechazó en cada uno de los casos que suscitaron las críticas más feroces. Petro había aumentado el salario mínimo, impulsado una reforma laboral, redirigido los ingresos de las pensiones hacia los pobres, declarado una moratoria sobre nuevas exploraciones petroleras y, lo más provocativo, habia roto relaciones con Israel por el tema de Gaza y se sumó a la demanda por genocidio, presentada por Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia (Corte Internacional de Justicia, 2024). Lula había llevado a Brasil de vuelta al BRICS y se había negado a tratar las prioridades de Washington como si fueran las suyas (Reuters, 2025). Sheinbaum mantuvo la única línea que México no cruzaría —la presencia de tropas estadounidenses en suelo mexicano— y siguió enviando petróleo a Cuba desafiando el embargo (Associated Press, 2025). Estos no son los actos de víctimas, sino de gobiernos haciendo precisamente lo que la estructura que existe quiere prevenir: ejercer soberanía y solidaridad sobre sus propios futuros.

Desde las cuatro palabras de Petro y a lo largo de dos siglos, la región sigue generando movimientos y futuros que no aceptarán desempeñar el papel de “cabeza del puente”. La mayoría sufre presiones. Algunos se quebrantan. Y sin embargo, siguen surgiendo.

6. El largo arco de la transformación

En las Américas, al igual que en muchas otras partes del Sur Global, imaginando futuros alternativos no puede separarse de los cimientos políticos estructurales que permiten que esos futuros alternativos echen raíces y prosperen. Como he demostrado, para crear futuros alternativos reales, los pueblos de las Américas han desarrollado alternativas estructurales que Estados Unidos ha intentado destruir en repetidas ocasiones. La imposición del imperialismo estadounidense, la Doctrina Monroe y los planes para una nueva «Monroe trumpista» plantean, por lo tanto, desafíos únicos. Esta última sección busca abordar esto y considerar un largo proceso de transformación.

Solidaridad hemisférica

Ningún país de las Américas puede construir un futuro alternativo por sí solo. Cada uno depende del capital, la tecnología, los mercados y la moneda del exterior, y esa dependencia es lo que hace que la coerción funcione. La soberanía debe ser colectiva antes de poder ser nacional.

Esta no es una idea nueva en la región. La CEPAL ha sostenido desde Prebisch (1950) que América Latina ingresaba a la economía mundial como una periferia, y las periferias no establecen sus propios términos. Su escuela de prospectiva surgió de ese análisis. En la década de 1970, un equipo latinoamericano respondió al Club de Roma con el Modelo Mundial Latinoamericano (Herrera et al., 1977). Donde el Club de Roma veía límites físicos, el equipo de Bariloche veía límites políticos en la desigual distribución del poder entre las naciones y dentro de ellas. A continuación, modelaron una sociedad igualitaria y autosuficiente para demostrar que funcionaría. La tradición también ha sido honesta respecto a su debilidad. Alonso (2007) señaló que el trabajo de prospectiva de la región rara vez llega a quienes toman las decisiones políticas.

El embrión de esa solidaridad existe. La CELAC (2011) reunió a treinta y tres naciones, sin contar a Estados Unidos ni a Canadá. El SUCRE una vez reguló el comercio regional en monedas locales, sin pasar por el dólar. Petrocaribe distribuyó el petróleo venezolano con términos soberanos. El Mercosur y el ALBA construyeron los cimientos iniciales (Cusack, 2019). Lo que falta es profundidad. La región necesita una solidaridad económica capaz de sobrevivir una desvinculación parcial, necesita una solidaridad política que hable con una sola voz contra la coerción dirigida a países aislados, y una solidaridad en materia de seguridad que haga que invadir a cualquier miembro resulte demasiado costoso.

Fortaleciendo las instituciones democráticas contra la corrupción

Sin embargo, la solidaridad regional no es una garantía en sí misma, pues “la cabeza del puente” no se impone desde afuera; surge desde adentro de líderes que traicionan a su propio pueblo a cambio de ganarse el favor del Norte, que vacían de contenido la alternativa mediante la simple corrupción. Esta es la advertencia de Sarkar: insistió en que los líderes deben proteger el ciclo contra una nueva apropiación, porque toda clase dominante, tras haber ganado el poder en nombre del pueblo, tiende a consolidarlo en su contra (Inayatullah, 2002). La historia de Grandin está plagada de este tipo de personajes: los Guzmán y los Somoza, élites locales que se convirtieron en instrumentos de la extracción extranjera. La visión debe ser inspiradora, pero sin glamour: con instituciones transparentes, tribunales independientes, una prensa libre y la profunda rendición de cuentas democrática que haga que los líderes respondan ante sus comunidades en lugar de ante la corrupción, el capital monetario o a Washington. Sin ello, toda alternativa estructural lleva en sí la semilla de su propia traición.

Autonomía para el pluriverso

La nación tampoco es el terreno definitivo. Puede convertirse en su propia camisa de fuerza. Por debajo de la región y del país se encuentra una escala más profunda: las comunidades que se gobiernan a sí mismas. El pluriverso de Escobar, un mundo en el que caben muchos mundos (Escobar, 2018), no puede legislarse desde una capital. Solo puede vivirse desde abajo, a través de la gobernanza comunitaria de los bienes comunes. Aquí es donde apunta la insistencia de Sarkar en la descentralización económica (Inayatullah, 2002): en comunidades cuya práctica cotidiana encierra una visión que el orden dominante no puede absorber. Requiere una verdadera transferencia de poder, que incluya derechos territoriales, autogobierno y control comunal sobre la tierra y los recursos. Solo así los Mayas y los Aimaras, los Quilombos y los Comuneros, podrán construir futuros que rehusen ciertas modernidades.

Bad Bunny y Abya Yala

Bad Bunny, en el Super Bowl, vestido de blanco, nombró a todos los países del hemisferio ante ciento veintisiete millones de personas. Actuó en español y se negó a traducir. Puso en el centro a Puerto Rico, un territorio colonial. El nombrar todos los países no fue una lista, sino una restauración: de una geografía que la educación estadounidense borra sistemáticamente. En las escuelas de Estados Unidos, «America» designa a un país; en todas partes al Sur de este, «América» designa a todo un continente. Lo que esto siempre ha ocultado es Abya Yala, el nombre Kuna para el continente en todo su alcance, desde Karukinka hasta Nunangat, un hemisferio que precede al mapa colonial y sigue desafiándolo (Keme, 2018). Bad Bunny le devolvió a la palabra “América” su significado continental y reunió las muchas banderas en comunidad.

El desafío más profundo nunca fue el Norte como lugar; fue el orden colonial que dividió un solo hemisferio en un Norte «blanco» y un Sur «moreno», jerarquizando a uno por encima del otro. En el largo horizonte, lo que surge es un hemisferio que genera la solidaridad, la autonomía y la soberanía necesaria para imaginar y crear los diversos futuros que elijan sus naciones, comunidades y pueblos, sin importar su idioma, cultura o biología. De hecho, es el derecho más básico: el derecho a elegir nuestro propio camino y nuestro propio futuro.

Declaración sobre el uso de la IA

El autor es el único responsable de los argumentos, el análisis y las conclusiones de este artículo. Se utilizó IA generativa (Claude, Anthropic) como asistente de investigación y redacción. Su uso se extendió más allá de la edición lingüística y se divulga aquí en su totalidad.

Se utilizó la asistencia de la IA para localizar y resumir fuentes contemporáneas, para identificar teóricos y bibliografía que el autor pudiera considerar, para producir borradores de pasajes a partir de los esquemas y argumentos establecidos por el autor, y para condensar el texto ajustándose a los límites de palabras. El marco teórico, la selección e integración de las fuentes, la estructura, la interpretación y todas las conclusiones fueron determinados por el autor, quien reescribió el material redactado por la IA y revisó el manuscrito a lo largo de múltiples iteraciones.

Todas las referencias se verificaron de manera independiente con fuentes primarias y publicadas. Las afirmaciones que no pudieron verificarse se eliminaron o modificaron. El autor asume toda la responsabilidad por la exactitud e integridad del contenido.

Referencias

Americas Society/Council of the Americas. (2026, January). One year in, Trump’s impact on Latin America and what’s next. https://www.as-coa.org/articles/one-year-trumps-impact-latin-america-and-whats-next

Associated Press. (2025, December 24). ‘At your service!’ Nasry Asfura becomes Honduran president-elect.

Arnove, R. F. (1981). The Nicaraguan National Literacy Crusade of 1980. Comparative Education Review, 25(2), 244–260.

Associated Press. (2025). Mexico’s Sheinbaum defends oil shipments to Cuba as a sovereign decision.

CELAC. (2011, December 3). Declaración de Caracas. Community of Latin American and Caribbean States.

Cusack, A. K. (2019). Venezuela, ALBA, and the limits of postneoliberal regionalism in Latin America and the Caribbean. Palgrave Macmillan.

de Sousa Santos, B. (2014). Epistemologies of the South: Justice against epistemicide. Paradigm Publishers.

Escobar, A. (2018). Designs for the pluriverse: Radical interdependence, autonomy, and the making of worlds. Duke University Press.

EZLN. (1999). First declaration of the Lacandon Jungle. In J. Womack Jr. (Ed.), Rebellion in Chiapas: An historical reader. The New Press. (Original work published 1994)

Galtung, J. (1971). A structural theory of imperialism. Journal of Peace Research, 8(2), 81–117. https://doi.org/10.1177/002234337100800201

Galtung, J., & Inayatullah, S. (Eds.). (1997). Macrohistory and macrohistorians: Perspectives on individual, social, and civilizational change. Praeger.

Gill, L. (2004). The School of the Americas: Military training and political violence in the Americas. Duke University Press.

Gleijeses, P. (1991). Shattered hope: The Guatemalan revolution and the United States, 1944–1954. Princeton University Press.

Grandin, G. (2025). America, América: A new history of the New World. Penguin Press.

Harvey, N. (1998). The Chiapas rebellion: The struggle for land and democracy. Duke University Press.

Herrera, A. O., Scolnik, H. D., Chichilnisky, G., Gallopín, G. C., Hardoy, J. E., Mosovich, D., Oteiza, E., de Romero Brest, G. L., Suárez, C. E., & Talavera, L. (1976). Catastrophe or new society? A Latin American world model. International Development Research Centre.

Inayatullah, S. (2002). Understanding Sarkar: The Indian episteme, macrohistory and transformative knowledge. Brill.

International Court of Justice. (2024, April 5). Application of the Convention on the Prevention and Punishment of the Crime of Genocide in the Gaza Strip (South Africa v. Israel): Colombia files a declaration of intervention [Press release]. https://www.icj-cij.org

Keme, E. (2018). For Abiayala to live, the Americas must die: Toward a transhemispheric indigeneity. Native American and Indigenous Studies, 5(1), 42–68.

Koch, A., Brierley, C., Maslin, M. M., & Lewis, S. L. (2019). Earth system impacts of the European arrival and Great Dying in the Americas after 1492. Quaternary Science Reviews, 207, 13–36. https://doi.org/10.1016/j.quascirev.2018.12.004

Kornbluh, P. (2013). The Pinochet file: A declassified dossier on atrocity and accountability (Updated ed.). The New Press.

McGovern, J. P. (2025, August 20). McGovern condemns administration’s politicization of human rights sanctions [Press release]. U.S. House of Representatives. https://mcgovern.house.gov/news/documentsingle.aspx?DocumentID=400182

McSherry, J. P. (2005). Predatory states: Operation Condor and covert war in Latin America. Rowman & Littlefield.

Máttar, J., & Cuervo, M. (Comps.). (2016). Planificación y prospectiva para la construcción de futuro en América Latina y el Caribe: Textos seleccionados 2013–2016 (LC/M.33). Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

Medina Vásquez, J., Becerra, S., & Castaño, P. (2014). Prospectiva y política pública para el cambio estructural en América Latina y el Caribe. Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

Mignolo, W. D. (2011). The darker side of Western modernity: Global futures, decolonial options. Duke University Press.

Prebisch, R. (1950). The economic development of Latin America and its principal problems. United Nations Department of Economic Affairs.

Quijano, A. (2000). Coloniality of power, Eurocentrism, and Latin America. Nepantla: Views from South, 1(3), 533–580.

Reuters. (2025, July 7). BRICS leaders meet in Rio de Janeiro for 17th summit hosted by Brazil’s Lula.

Robinson, W. I. (1996). Promoting polyarchy: Globalization, US intervention, and hegemony. Cambridge University Press.

The Globalist. (2026). The Shield of the Americas: When rebranding replaces strategy. https://www.theglobalist.com/the-shield-of-the-americas-when-rebranding-replaces-strategy/

U.S. Department of the Treasury. (2025, October 24). Treasury sanctions Colombian President Gustavo Petro and his support network [Press release]. https://home.treasury.gov/news/press-releases/sb0292

Washington Office on Latin America. (2026, January 15). Trump administration’s aim to dominate Latin America: A year in review. https://www.wola.org/analysis/trump-administrations-aim-to-dominate-latin-america-a-year-in-review/

 

Share.

Comments are closed.