Pablo & Lorenza Reyes

Futuros utilizados internalizados como epistemología

La historia contemporánea de América Latina se revela no solo a través de intervenciones materiales —desde las declaraciones territoriales de la Doctrina Monroe, pasando por las operaciones de contrainsurgencia de la Guerra Fría y los programas de ajuste estructural de los años 80 y 90, hasta los megaproyectos de litio actuales en los salares andinos—, sino también a través de los marcos interpretativos que hacen que ciertos futuros sean concebibles, al tiempo que excluyen activamente otros por considerarlos irracionales, inviables o meramente «culturales». Estos marcos operan como «futuros utilizados» (Inayatullah, 2008), delimitando los horizontes de posibilidad incluso antes de que comience el análisis.

El Salar de Atacama en Chile —punto neurálgico de la extracción mundial de litio que abastece el 30 % de la demanda mundial— cristaliza esta dinámica. La Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) coordina megaproyectos de exportación con la Sociedad Química y Minera de Chile (SQM) y Albemarle, mientras que las comunidades de Lickan Antay defienden los acuíferos, fundamentales para milenios de reciprocidad territorial. El análisis convencional de las partes interesadas enmarca esto como una negociación de poder: agencias estatales de gran influencia frente a empresas con fines de lucro frente a comunidades titulares de derechos.

La observación sostenida revela una complejidad más profunda. CORFO se enfrenta simultáneamente a los imperativos de ingresos por exportación derivados de las exigencias de la transición verde y a la erosión de su legitimidad provocada por la movilización indígena. Las divisiones corporativas equilibran los plazos de producción trimestrales con la licencia social que se desvanece a medida que los acuíferos bajan más de 2 metros al año. Las autoridades de Lickan Antay navegan por las negociaciones técnicas necesarias para obtener legitimidad jurídica, al tiempo que reafirman ceremonialmente la gobernanza ancestral del agua, en la que los acuíferos constituyen relaciones familiares vivas, no materias primas extraíbles.

Estas dinámicas revelan comportamientos contradictorios desde la perspectiva del actor racional, pero coherentes como respuestas configuradas por el contexto. La misma división de CORFO que autoriza la expansión de la extracción de litio bloquea los mecanismos de consulta indígena al mes siguiente. Los responsables de sostenibilidad de las empresas defienden la «gestión responsable del agua» mientras las operaciones perforan acuíferos en disputa. Los líderes comunitarios firman acuerdos hidrográficos al tiempo que movilizan al mallku, una autoridad ancestral andina a través de la cual el territorio y el agua se establecen como relaciones vivas en lugar de recursos durante las sequías. Las identidades persisten; las respuestas puestas en práctica cambian drásticamente según los contextos relacionales.

Este artículo sostiene que las metodologías convencionales de prospectiva —talleres de planificación de escenarios, matrices de poder e interés de las partes interesadas, proyección de variables STEEPV, marcos de tres horizontes— reproducen epistemologías coloniales a través de unidades analíticas heredadas. El actor racionalista (separable del contexto, impulsado por la utilidad) estructura no solo la diplomacia de las cañoneras, sino también la práctica actual de la consultoría en América Latina. Las rutinas institucionales, los planes de estudio de MBA importados de las escuelas de negocios de EE. UU. y las plantillas de McKinsey normalizan las separaciones cartesianas, la temporalidad lineal y la adecuación representacional por encima de la relacionalidad (Varela et al., 1991).

Cuando los sistemas vivos se analizan a través de supuestos de entidades estables, la coordinación extractivista se amplifica, mientras que las relacionalidades situadas permanecen invisibles. Prevalece la previsibilidad; la reciprocidad multigeneracional organizada en torno a formas relacionales de coordinación, como el ayllu, las mingas o el tequío, queda marginada como «fricción cultural». La prospectiva aplicada a la gobernanza del litio o a la transformación organizacional conlleva los mismos presupuestos: los futuros como escenarios externos que hay que navegar, no como logros relacionales que hay que cultivar.

Esto revela una capa más profunda que a menudo pasa desapercibida en la práctica de la prospectiva. Los futuros utilizados no solo funcionan como narrativas sobre el desarrollo, la soberanía o el progreso. También se sedimentan en las mismas herramientas a través de las cuales se interpretan los sistemas. Los mapas de partes interesadas, las matrices de escenarios y los marcos de prospectiva estratégica no se sitúan al margen de estas epistemologías. Las ponen en práctica.

Las metodologías de prospectiva pueden funcionar como portadoras de continuidad epistémica, reforzando las mismas separaciones que pretenden cuestionar y limitando lo que se puede percibir, valorar y sobre lo que se puede actuar dentro del sistema.

Lo que queda fuera de estos marcos se vuelve ininteligible. Las ontologías relacionales, las temporalidades multigeneracionales y las formas recíprocas de coordinación aparecen como ruido en lugar de como dinámicas constitutivas del sistema.

Trabajos recientes en el Journal of Futures Studies han dado un paso similar en el campo de los futuros del agua. Cruz (2024) contrasta los marcos científicos modernistas con las cosmovisiones indígenas para mostrar cómo los ríos pueden entenderse no solo como sistemas hidrológicos o recursos manejables, sino como entidades vivas, relacionales, espirituales y culturalmente situadas. Esta distinción es fundamental para el argumento que aquí se desarrolla: en la gobernanza del litio, los acuíferos no son meras variables ambientales dentro de la planificación extractiva, sino condiciones relacionales a través de las cuales se ponen en práctica el territorio, la reciprocidad y la viabilidad futura.

Abordar esto requiere más que ampliar las herramientas existentes. Requiere cambiar la unidad de observación misma, de entidades a relaciones, de representación a puesta en práctica, y de futuros proyectados a configuraciones vividas en movimiento.

La Escuela de Santiago: ruptura epistemológica desde el suelo latinoamericano

El marco enactivo de Francisco Varela y Humberto Maturana surgió de la Escuela de Santiago de Chile, al enfrentarse a realidades regionales en las que la planificación positivista fracasó ante las dinámicas situadas. Los tecnócratas de Pinochet, al aplicar modelos del Banco Mundial, recrearon las separaciones sujeto-objeto que Maturana identificó como dominativas en su esencia: violencia epistemológica que precede a la violencia física (Maturana y Varela, 1980).

La perspectiva enactiva va más allá: las herramientas de planificación ponen en escena futuros que, según afirman, simplemente anticipan. El Salar de Atacama, visto a través de dos lentes, lo revela. La prospectiva convencional identifica incertidumbres (precios, regulación, movilización). La lectura enactiva traza un mapa de los atractores operativos (Reyes, 2024):

Convergencia entre el Estado y las empresas que estabiliza el extractivismo

La reciprocidad territorial bloqueada de la influencia sistémica

Las temporalidades del mercado son incompatibles con la gestión multigeneracional

Los futuros se estabilizan a través de historias relacionales puestas en práctica, no de proyecciones de Delphi. La cognición se convierte en acción encarnada que da lugar a mundos coherentes mediante el acoplamiento sensoriomotor. No hay observador neutral; el que conoce y lo conocido se definen mutuamente a través del cierre autopoético: sistemas que mantienen la organización mediante el acoplamiento estructural, adaptándose sin perder identidad.

La estabilidad surge como un logro. La «estructura organizativa» traza representaciones repetidas sedimentadas a lo largo de generaciones tecnocráticas. La previsión se transforma de una cartografía proyectiva hacia el cultivo de bifurcaciones relacionales: momentos de tensión que podrían inclinarse hacia la coordinación o colapsar en un bloqueo.

Este cambio epistemológico también replantea la cuestión del poder. En las tradiciones racionalistas, el poder tiende a asociarse con el control sobre los recursos, la autoridad para tomar decisiones o la posición estructural. Desde una perspectiva enactiva, el poder opera a través de la estabilización de ciertas formas de percibir y responder. Lo que se vuelve dominante no es solo un conjunto de decisiones, sino un modo de construir el mundo que hace que algunas formas de acción sean coherentes y otras, ininteligibles.

En los contextos latinoamericanos, esto tiene implicaciones profundas. La colonialidad persiste no solo a través de la imposición externa, sino también mediante la reproducción de gramáticas perceptivas que definen qué se considera conocimiento válido, acción legítima y futuros viables. La planificación tecnocrática, los indicadores de desarrollo y los mecanismos de coordinación extractiva no se limitan a organizar la actividad; dan forma a lo que puede percibirse como real dentro de la práctica institucional.

La contribución de la Escuela de Santiago puede entenderse como una ruptura de este cierre perceptivo. Al situar la cognición dentro de la acción encarnada, reabre la posibilidad de relacionarse con formas de conocimiento que son relacionales, situadas y con fundamentos históricos. Esto no implica sustituir una epistemología por otra, sino reconocer que todas las prácticas de conocimiento crean mundos específicos y que estas creaciones conllevan consecuencias políticas.

Dentro de este marco, la prospectiva no puede tratarse como una técnica neutral aplicada a sistemas externos. Se convierte en una práctica situada que participa en la constitución de esos sistemas. La pregunta pasa de cómo representar mejor el futuro a cómo los diferentes modos de anticipación dan forma a diferentes futuros en el presente.

Posiciones enactivamente situadas: la nueva unidad de análisis

El análisis de las partes interesadas se basa en actores estables que tienen intereses. Esto choca con la complejidad latinoamericana. La CORFO coordina las exportaciones mientras bloquea la consulta. Los equipos de sustentabilidad corporativa defienden la gestión responsable mientras las operaciones perforan acuíferos en disputa. Lickan Antay firma acuerdos de monitoreo mientras reactiva el mallku ancestral. Las puestas en escena varían según los contextos (Weick, 1995).

Las posiciones situadas de manera enactiva integran tres dimensiones interrelacionadas:

Situación: condiciones vividas y aprehendidas sensorialmente

Necesidad: lo que merece una respuesta, acoplado estructuralmente

Acción: puesta en práctica concreta

Posiciones del Salar de Atacama:

Posición Situación Necesidad Acción Tensión emergente
Estado-regulador Fiebre del litio + objetivos fiscales Control soberano Centralización de permisos Legitimidad frente a reciprocidad
Empresa extractora Plazos de Tesla + volatilidad Cuotas + licencia Contratos + RSE Realidades trimestrales vs. realidades del agua
Lickan Antay Agotamiento de acuíferos Reciprocidad territorial Lo legal y lo ceremonial Lo ancestral frente al desarrollo

Las matrices de partes interesadas pasan por alto la convergencia entre el Estado y las empresas que da lugar al extractivismo, así como el bloqueo entre el Estado y las comunidades que limita la pluriversalidad.

Este desplazamiento de la unidad de análisis tiene implicaciones que van más allá del refinamiento metodológico. Altera la forma en que el sistema mismo se vuelve inteligible. Cuando se trata a los actores como unidades primarias, el sistema aparece como una composición de entidades que interactúan en un entorno compartido. Cuando se ponen en primer plano las posiciones situadas en la acción, el sistema aparece, en cambio, como un campo de representaciones relacionales, donde lo que existe es inseparable de cómo se manifiesta en la acción.

Esta distinción es importante porque redefine lo que se considera una intervención. En los marcos centrados en los actores, el cambio suele abordarse a través de mecanismos de alineación: negociar intereses, redistribuir influencia o aclarar roles. Estos enfoques asumen que la coherencia puede lograrse estabilizando las relaciones entre entidades predefinidas. Dentro de un marco enactivo, la coherencia surge a través de la calidad de las propias configuraciones relacionales. Lo que cambia no es solo quién interactúa, sino cómo la interacción se vuelve posible en primer lugar.

Intervenir en este nivel implica modificar las condiciones bajo las cuales surgen las posiciones. Los horizontes temporales, los flujos de información y los espacios de encuentro se convierten en palancas fundamentales. No se trata de ajustes secundarios, sino de condiciones estructurales que dan forma a lo que se puede percibir, a lo que se vuelve necesario y a cómo se desarrolla la acción. Al alterar estas condiciones, el sistema no simplemente reorganiza a sus actores; reconfigura los patrones a través de los cuales pone en práctica su propia continuidad.

Esto permite abordar con mayor precisión las dinámicas que permanecen opacas en un análisis basado en los actores. Las contradicciones aparentes se vuelven legibles como cambios entre configuraciones puestas en práctica. La resistencia se presenta como coherencia dentro de un acoplamiento situacional dado, más que como una desalineación. Lo que surge es la capacidad de identificar dónde el sistema está reproduciendo patrones dominantes y dónde podrían comenzar a afianzarse configuraciones alternativas.

Tensiones relacionales: replanteamiento de los impulsores

Tradicionalmente, los impulsores se remontan a motivaciones internas: «lo que el actor quiere» o «los intereses fundamentales que impulsan el comportamiento». La práctica enactiva reubica la tensión en el plano relacional. Esta surge cuando el acoplamiento situación-necesidad-acción choca con la corriente de la situación. Ninguna esencia motivacional estable precede a la acción; la tensión se configura a través de historias relacionales vivas.

El caso de Atacama lo ilustra vívidamente. La posición corporativa ejecuta con eficacia los imperativos de producción a corto plazo hasta que los conflictos por el agua sacan a la luz una insostenibilidad latente que amenaza la licencia a largo plazo. Los reguladores estatales coordinan eficazmente los futuros de exportación hasta que la resistencia indígena fractura la legitimidad burocrática. Estos impulsores no motivan desde el interior de entidades estables. Se intensifican a través de historias enactadas: decisiones sedimentadas en el sensorio organizacional a lo largo de décadas, que se convierten en vías preferidas incluso frente a la creciente evidencia situacional (Reyes, 2024).

La lógica de la intervención se transforma radicalmente. La práctica convencional negocia los intereses declarados a través de talleres facilitados: «alinear a las partes interesadas en torno a una visión compartida». La práctica enactiva modifica las propias condiciones de acoplamiento: rediseña los horizontes temporales más allá de los ciclos de informes trimestrales, reconfigura los flujos de información desde los tableros corporativos hacia sensorios hidrográficos compartidos, crea encuentros prolongados en los que las posiciones bloqueadas puedan percibirse sensorialmente de manera diferente. Los futuros cambian a través de la reorganización de los patrones relacionales, más que mediante la negociación de poder e intereses.

Lo que se hace visible en este punto es que las tensiones no son solo condiciones presentes, sino historias condensadas. Cada tensión enactada lleva en su interior una trayectoria de decisiones pasadas, sedimentaciones institucionales y respuestas repetidas que han estabilizado ciertas formas de actuar al tiempo que excluyen otras. En este sentido, las tensiones no son fricciones momentáneas, sino compresiones históricas que continúan dando forma al presente del sistema.

Esta profundidad temporal es fundamental para la previsión. Los futuros no son posibilidades externas a la espera de ser seleccionadas; ya están inscritos en la forma en que estas tensiones se configuran y reproducen. Cada tensión contiene una fuerza direccional que orienta al sistema hacia ciertas continuidades, al tiempo que limita otras. Lo que parece ser una dificultad operativa actual puede, de hecho, ser la expresión de un atractor de larga data que está llegando a sus límites.

Interpretar las tensiones de esta manera permite que la previsión vaya más allá de la proyección hacia una anticipación basada en las dinámicas vividas. En lugar de preguntarnos qué podría suceder bajo diferentes condiciones externas, la pregunta se centra en lo que ya se está haciendo posible o imposible a través de las configuraciones actuales. El futuro deja de ser un horizonte abstracto y se convierte en una propiedad de la puesta en práctica continua del sistema.

La intervención, entonces, no se orienta hacia la resolución de la tensión, sino hacia la transformación de su configuración. Algunas tensiones, al reconfigurarse, pueden abrir nuevas vías de coordinación que antes no estaban disponibles. Otras, si no se analizan, seguirán reproduciendo trayectorias que parecen inevitables solo porque sus condiciones subyacentes permanecen inalteradas.


Patrones de acoplamiento adaptativo: interpretación de la capacidad sistémica

Las posiciones aisladas explican las puestas en práctica locales; la capacidad sistémica surge a través de la calidad del acoplamiento relacional. El análisis enactivo revela cinco patrones de coordinación recurrentes en los procesos de gobernanza latinoamericanos:

  • Acoplamiento convergente: las posiciones se refuerzan mutuamente en trayectorias compartidas (la coordinación entre el Estado y las empresas en torno a la economía del litio genera un poderoso impulso extractivista)
  • Acoplamiento compatible: coexistencia operativa sin fricciones significativas (organismos que manejan mandatos paralelos sin interferencias)
  • Acoplamiento tensional: Requiere un trabajo continuo, pero genera capacidad de adaptación (diálogos entre empresas y comunidades sobre el monitoreo del agua bajo presión)
  • Acoplamiento bloqueante: inhibe sistemáticamente la acción conjunta (enfrentamientos de soberanía entre el Estado y la comunidad en los que no se percibe reciprocidad)
  • Acoplamiento caótico: Genera imprevisibilidad sistémica, que desborda la capacidad de coordinación (intervenciones multiescalares que provocan un desbordamiento de respuestas)

La sinergia designa la capacidad lograda por el sistema para canalizar incluso las dinámicas tensionales hacia una respuesta coordinada. La entropía designa la degradación en la que predominan los patrones de bloqueo o caóticos, lo que disipa la capacidad colectiva. La gobernanza del Salar de Atacama revela una convergencia entre el Estado y las empresas que genera sinergia extractivista, mientras que el bloqueo entre el Estado y la comunidad disipa sistemáticamente la capacidad de soberanía en todo el sistema.

Atractores culturales: cuencas de estabilización en los sistemas vivos

Los atractores culturales trascienden la psicología individual y operan como dinámicas similares a cuencas que estabilizan las secuencias de percepción y acción en sistemas completos (Reyes, 2024). Las organizaciones latinoamericanas heredan estos atractores a través de las gramáticas coloniales: la racionalidad burocrática sedimentada a lo largo de generaciones de práctica tecnocrática, la linealidad desarrollista que estructura los horizontes de planificación y el instrumentalismo de las partes interesadas que enmarca la relacionalidad como gestión de recursos.

La gobernanza de Atacama enfrenta a dos atractores principales. El atractor desarrollista coordina con fuerza a través del acoplamiento convergente entre el Estado y las empresas, promulgando futuros organizados en torno al capitalismo verde y a las metas de ingresos nacionales. El atractor recíproco persiste a través de las prácticas de Lickan Antay de administración territorial, pero sigue siendo sistemáticamente bloqueado para que no ejerza influencia sistémica. La transformación no requiere declarar nuevos valores, sino cambiar las condiciones de acoplamiento donde actualmente prevalecen los atractores dominantes.

La prospectiva enactiva reubica la anticipación dentro de estas cuencas vivas. Los escenarios convencionales proyectan variables hacia el futuro: «Si los precios del litio suben un 20 %, la movilización indígena limita las cadenas de suministro». La prospectiva enactiva mapea los atractores ya operativos: «La convergencia entre el Estado y las empresas estabiliza el extractivismo independientemente de la volatilidad de los precios; el bloqueo entre la comunidad y el Estado limita la reciprocidad independientemente de la intensidad de la movilización. ¿Qué acoplamiento cambia primero?».

Las bifurcaciones relacionales surgen donde los acoplamientos tensionales contienen potencial de inversión. Las zonas de tensión entre empresas y comunidades en torno al monitoreo compartido del agua podrían evolucionar hacia la coordinación si los horizontes temporales se extienden más allá de los ciclos de informes trimestrales hacia sensorios hidrográficos plurianuales. El bloqueo entre el Estado y la comunidad podría transformarse a través de encuentros sostenidos que hagan que las realidades del agotamiento de los acuíferos sean sensorialmente innegables para los sensorios burocráticos.

Política interna: donde las gramáticas coloniales se encuentran con el territorio

Esta práctica aborda la política interna de la convocatoria del simposio: aquellas dimensiones subjetivas, mediadas por la identidad y sedimentadas colectivamente a través de las cuales la dominación externa se normaliza, se resiste o se transforma. Las posiciones enactivas revelan la política interna no como identidades abstractas, sino como tensiones vivas en acción: gramáticas coloniales del desarrollo (progreso, soberanía, modernidad) que compiten con mundializaciones relacionales arraigadas en el territorio (reciprocidad, parentesco, tiempo multigeneracional) dentro de dinámicas relacionales concretadas.

La prospectiva pasa de ser una proyección de escenarios externos a una intervención en las zonas de contacto donde los futuros pluriversales siguen siendo estructuralmente posibles. El profesional pasa de ser un oráculo de escenarios a convertirse en un jardinero de bifurcaciones relacionales, cultivando capacidades en las que los atractores bloqueados puedan adquirir voz sistémica a través de condiciones de acoplamiento modificadas.

Gobernanza del Salar de Atacama: mapeo de futuros enactivos

Posiciones situadas de manera enactiva: gobernanza del Salar de Atacama

Posición Situación Necesidad Acción Tensión relacional emergente
Organismo regulador estatal (CORFO) La demanda global de litio se cruza con la presión fiscal nacional Control soberano sobre los recursos en un contexto de dependencia global Centralización de los contratos y agilización de los permisos Legitimidad burocrática frente a reciprocidad territorial
Empresas extractoras (SQM/Albemarle) La presión de la cadena de suministro y la volatilidad del precio del litio Mantener las cuotas de producción al tiempo que se asegura la licencia social Cumplimiento de los contratos combinado con iniciativas selectivas de RSE Rendimiento financiero a corto plazo frente al equilibrio ecológico a largo plazo
Comunidad de Lickan Antay La extracción de agua afecta los modos de vida ancestrales Mantener una relación recíproca con el territorio Acciones legales y reactivación de la autoridad ceremonial Lógicas de gobernanza ancestrales frente a marcos de desarrollo

Análisis de las dinámicas de acoplamiento

Relación Tipo Descripción
Estado – Empresa Convergente La orientación económica compartida refuerza la trayectoria extractiva
Estado – Comunidad Bloqueo La lógica institucional no logra integrarse con las dinámicas relacionales territoriales
Empresa – Comunidad Tensional La fricción entre la lógica contractual y la cosmovisión genera una divergencia latente

Futuros materializados: las trayectorias extractivistas se estabilizan a través de la convergencia entre el Estado y las empresas, independientemente de las señales de precios; la coordinación pluriversal se ve limitada por el bloqueo persistente entre el Estado y la comunidad. La intervención estratégica se enfoca en rediseñar los acoplamientos: amortiguadores temporales que se extienden más allá de los ciclos trimestrales, sensorialidad hidrográfica compartida que hace innegables las realidades de los acuíferos, espacios de encuentro sostenidos donde la necesidad recíproca se vuelve perceptible a nivel sensorial.

Conclusión: La prospectiva como práctica relacional pluriversal

La prospectiva desde los contextos latinoamericanos exige un retorno epistemológico a la Escuela de Santiago —no como filosofía importada, sino como instrumento descolonial forjado a través de la lucha regional—. Maturana y Varela ofrecen una ruptura operativa con las herencias racionalistas que estructuran la dominación, desde las declaraciones de Monroe del siglo XIX hasta las fronteras del litio del siglo XXI.

La lectura a través de posiciones situadas de manera enactiva, tensiones que surgen relacionalmente, patrones de acoplamiento adaptativo y cuencas de atractores culturales revela futuros que ya se están materializando en medio de las dinámicas vivas de la gobernanza del Salar de Atacama. Los futuros extractivistas ganan fuerza sistémica a través de la convergencia entre el Estado y las empresas; los futuros pluriversales permanecen limitados por el bloqueo entre el Estado y las comunidades.

Los futuros pluriversales surgen a través de cambios en los patrones de coordinación donde los atractores bloqueados adquieren voz sistémica —no a través de declaraciones retóricas que compiten con el extractivismo, sino a través de condiciones relacionales modificadas donde las necesidades recíprocas se vuelven perceptibles sensorialmente a través de posiciones previamente aisladas.

Los profesionales del Sur tienen una responsabilidad singular: abandonar la traducción mecánica de las herramientas del Norte Global a los contextos latinoamericanos. En su lugar, deben emplear el linaje enactivo de la Escuela de Santiago como instrumento para cartografiar los futuros utilizados, internalizados como sensorio institucional a lo largo de generaciones de práctica tecnocrática. Poner en práctica esos futuros pluriversales que ya están tomando forma embrionaria mediante una hábil reconfiguración relacional.

El marco invita a la comprobación empírica: ¿Revela el mapeo de posiciones situadas de manera enactiva una influencia de intervención invisible para el análisis de partes interesadas? ¿Generan los cambios de acoplamiento específicos una coordinación pluriversal donde prevalecían patrones de bloqueo? ¿Identifica el análisis de atractores culturales oportunidades de bifurcación que el trabajo convencional de escenarios pasa por alto? La Escuela de Santiago no espera una conmemoración académica, sino un despliegue concreto contra los futuros coloniales que estructuran nuestro presente institucional.

Los futuros pluriversales no surgen solo a través de la coexistencia de narrativas, sino mediante la reconfiguración de las condiciones relacionales que permiten que esas narrativas se conviertan en realidades puestas en práctica. Lo que está en juego no es la representación, sino la viabilidad. Un futuro se vuelve real cuando el sistema adquiere la capacidad de sostener los patrones de coordinación que requiere.

Desde esta perspectiva, la prospectiva opera en el nivel de las condiciones habilitadoras. Interviene en la forma en que los sistemas perciben, definen la necesidad y coordinan la acción a través de la diferencia. El trabajo no se trata tanto de ampliar los futuros imaginables como de transformar las configuraciones que determinan qué futuros pueden afianzarse.

Esto replantea la pluriversalidad, transformándola de una afirmación epistémica a un desafío práctico. Requiere crear condiciones bajo las cuales diferentes «mundos en formación» puedan coexistir sin quedar subsumidos bajo atractores dominantes, y reconocer que no todas las configuraciones son igualmente viables.

La pregunta que queda por responder no es qué futuro se debe elegir, sino qué configuraciones relacionales se están poniendo en práctica hoy en día y cómo podrían transformarse para permitir que surjan otros futuros.

Referencias

Inayatullah, S. (2008). Seis pilares: Pensamiento sobre el futuro para la transformación. Foresight, 10(1), 4-21.

Maturana, H. R., y Varela, F. J. (1980). Autopoiesis y cognición: La realización de lo vivo. D. Reidel Publishing.

Reyes, P. (2024). El futuro siempre presente. EsaCosa Editores.

Reyes, P. y González, C. (2025). Los futuros que nos habitan. Activo Editorial.

Varela, F. J., Thompson, E. y Rosch, E. (1991). La mente encarnada: ciencia cognitiva y experiencia humana. MIT Press.

Cruz, S. (2024). Fluyendo a través del tiempo: un examen epistemológico y ontológico de los futuros de los ríos en los paisajes urbanos. Journal of Futures Studies, 29(2), 17–34. https://doi.org/10.6531/JFS.202412_29(2).0002

Divulgación del uso de IA (según las directrices de JFS)

Se utilizaron herramientas de IA de acuerdo con las directrices de Journal of Futures Studies. ChatGPT (OpenAI) y Perplexity AI colaboraron en la ampliación estructural, el refinamiento del lenguaje, el formato de las tablas para el caso del Salar de Atacama y la adaptación al estilo APA 7. Las instrucciones incluían mantener la coherencia académica, fortalecer los vínculos entre la epistemología enactiva y la prospectiva, y centrarse en la gobernanza del litio y los atractores culturales (Reyes, 2024). Todo el marco conceptual, el análisis y el contenido del caso provienen del documento técnico original v1.0 de los autores y de su experiencia en el campo. Las contribuciones de la IA se limitaron al apoyo editorial y de formato.

 

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